martes, 4 de marzo de 2008

Defendiendo la cacota

Me siento en mi ciudad y en mi entorno como si tuviera que defender una manera de ser, de estar en el mundo con la que ya no me siento cómodo, de la que de hecho me quiero deshacer... pero tiendo a seguir en ellas como el tren por los raíles del suelo.

Una manera de ser, llena de control y de preocupaciones. El caparazón que me he vuelto a poner. Una manera de ser a la que le incomodan sus propios deseos. Una manera de ser que quiere ser estrella, brillar en lo alto, o no brillar; con un punto de rencor, de desapego con la humanidad, de huida hacia arriba. Y que también tiene miedo de ese estar allí arriba, solo, mirar abajo y no poder ver nada... en búsqueda de la gran cosa, la gran historia donde solo yo pueda ser ese gran protagonista que esa gran historia necesita, con otros grandes personajes involucrados, que deben ser grandes.

Y a la vez, de rechazo y desagrado conmigo mismo, porque no me gusto ni entiendo que le pueda gustar a nadie que me conozca profundamente. Si me quieren, lo hacen por partes de mí que a mí no me gustan. Si no me quieren, lo entiendo y me enfado conmigo mismo por no mostrarme a mi mismo, como si fuera mi culpa... me mareo por los extremos.

Y entre muchas diferencias de un año a esta parte, tengo una crucial: la falta de fe en la vida, en lo que va a pasar. El miedo, ya que ya había adoptado la postura de, ante la duda, mostrarme. Ante la duda, sacarlo, hacerlo, llevarlo a cabo. Y ahora siento el miedo y el encogimiento, incluso ante cosas que no van conmigo.

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