martes, 26 de enero de 2010

Un dragón herido de muerte

Y sí, inundé el suelo del taller y las ventanas del autobús urbano por las que miraba la lluvia caer mientras iba al taller.

Un taller de despedida de segundo, que yo he vivido con esa tristeza interior que tenía y que sí que me consiguió quitar el taller en algunos momentos. Pero de fondo seguía el mismo runrún.

Tras el anterior post de separación, ese mismo día hubo sorpresa: ella se presentó en la parada del autobús por la noche. Aunque estaba lloroso y tal, me gustó verla, pero en realidad no quería nada más que eso... porque estaba inmerso en mi proceso de duelo, y entonces aquello me dejó como un conejo en la carretera cuando le pones las largas. Desorientado y desconcertado.

Y aunque estuvimos cenando, hablando y abrazándonos; cuando volvíamos a casa ella sí me dijo para qué había venido: porque quería respuestas. Yo no se las di, porque estaba hecho un guiñapo después de tantas emociones. Ya la cosa se quedó algo fría.
El día siguiente no hablamos nada. Yo tenía taller y lo agradecí. Pero estuve pensando... que lo mejor era tomar distancia de verdad. Porque si no seguiríamos en las mismas de siempre, y yo no quiero eso ni ella tampoco, ella quiere lo que ahora mismo no puede ser, y yo lo querría también, querría quererla de esa manera pero no puedo forzarme a eso, qué le vamos a hacer. Sin embargo la culpa me ha acompañado bastante en todo este proceso. Y casi siempre tras la culpa está el resentimiento...

Ella es maravillosa. Esto es así. Es un ser humano de primera categoría, pero por lo que sea, a mí no me vale. Igual es que a mí me van más las dictadoras... me gustan más los gatos que los perros. Me siento más a gusto, me siento más en mi especie con los gatos. Un perro normalmente te querrá más que un gato (o bien, te necesitará más que un gato) y será más cariñoso y expresivo. Más leal, fiel, pero también dependiente. Con más apego. Yo me encuentro entre los míos con gente que se junta si quiere, y si no pues nada, y no se apega tanto.

Tras el taller el domingo fui a su casa y, tras más de una hora de dar vueltas llorando, serenándome, sentado en el banco, ahora otra vuelta a la manzana... me armé de redaños y la llamé. Bajó, andamos un poco. Yo estaba tristísimo y llorante, ella tierna la pobre. Me dijo si íbamos a andar, concedí pero al poco le dije que no - y fuimos a un banco. Y allí, entre llanto mío, sus preguntas de qué pasa... le dije que como no estaba seguro quería un tiempo. Ella se levantó, y se fue. Yo esta vez no la seguí - porque hubiera desembocado en lo de siempre.

Y me dio mucha pena por mí, por ella, por la relación, por el amor que ella sentía y que no va a poder ser. Todas esas ilusiones, sobre todo suyas pero también mías; ese futuro que no será. Ahora mientras escribo, se me humedecen los ojos de nuevo.

Quiero saber de ella y qué tal está, pero no quiero entrar en hablar con ella... me gustaría verla por una rendija y saber que está bien. Pero creo que lo mejor para los dos es dejarnos de ver por un tiempo. Luego ya se verá. Todo lo demás es alimentar un dragón herido de muerte ya.

Ayer por la tarde, después de haber llorado incluso delante de mis padres y haber hablado mientras del tema con ellos, estuve más sereno y confiado. De vez en cuando me entraba la tristeza y lloraba, pero fue reduciéndose. Pero cuando pienso en ella, me sigo entristeciendo de corazón. Me lo acabo de dejar sentir unos segundos, parado... y de nuevo lloro y se me agrieta el gesto. Le tengo un cariño tremendo, pero no estoy enamorado de ella. Ahora mismo no es lo que quiero. Es mejor así.

2 comentarios:

pilardepiedra dijo...

Puff, me he quedado un poco puff, al haber leido tu historia y poniendome en tu lugar. Siento el momento dificil que estas pasando.
He aterrizado en tu blog, buscando experiencias de gente que esté trabajando con terapia gestal y no se si sabrás pero en google el primer resultado es tu blog.
Por lo poquito que he leido me ha gustado así que te he incluido en mi reader, así que te iré leyendo.
Un saludo bloguero y te deseo mucho ánimo en tu camino

Fritz Perls dijo...

Gracias.
Pues no lo sabía, ya veo que parece que le gusto a Google. Cualquier apoyo es bienvenido, así como tú eres bienvenida a este espacio.

Ahora mismo estoy algo mejor, pero no me confío. La sombra del ciprés es alargada.

Un beso.