Hoy mientras iba corriendo, me he acordado de otro miedo y he pensado que lo quería escribir aquí.
Pues ahí va otro miedo.
Tengo miedo a que la gente me ataque por la calle. De cualquier manera y motivo, o bien sin motivo alguno, para qué se necesitan motivos cuando se tiene una neurosis.
Y a la vez que miedo, puedo percibir que hay un deseo también, porque me preparo para eso. Es decir la fantasía es alrededor de que me dicen algo, o me vienen a "hablar" con malas intenciones, y entonces yo me pongo alerta y pienso en cómo me lo quitaría de encima. La verdad es que no llego a verbalizar ni nada, eso ocurre por debajo, ni siquiera sale la situación: lo que sale es la autodefensa y la tensión.
Esto me pasa bastante, también andando por la calle. La calle de una ciudad es para mí un ambiente a priori hostil, otras veces es agradable, nunca neutro como antes solía ser. Es decir que depende de lo seguro que me siento, es un lugar agradable, por el que andar pisando bien (aprender a andar es otro tema también importante del que algún día me gustaría hablar) o bien un lugar del que escapar, andando deprisa sin paladear lo que pasa alrededor más allá de formarme una idea de seguridad, como dedensa. Ante algo que no existe claro, la amenaza no ha llegado todavía.
Por las mañanas suele imponerse más la tensión. Me desposeo de mi cuerpo fácilmente (por eso este otoño estoy durmiendo desnudo si puedo, o al menos con una camiseta y nada más, bueno sí, y calcetines jaja, a lo Fernando Esteso - y funciona, sienta muy bien, me levanto más a gusto, aunque me cuesta más salir de la cama!).
miércoles, 28 de octubre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
Miedo a explotar
Un gran miedo mío: si despliego todo lo que tengo, si voy a por lo que quiero, todo acabará como el rosario de la aurora. Mal. Malament. Me veo como un enfant terrible, como ese hombre que los directores de cine quieren ser pero como no se atreven hacen películas. Susan Sarandon dijo que los directores contratan a los hombres que les gustaría ser y a las mujeres que les gustaría follarse.
Incluso muertes y tal, quiero decir. Grandes pasiones que acaban mal, como todas las grandes pasiones. Y asimismo que mi ego me capture. Confundo a veces carácter con agresividad. Creo que no me quiero lo suficiente, no tengo tanto amor propio como es necesario para vivir de esa manera.
Y todo esto viendo una película. Una pista: es una película de los setenta muy famosa en su país con mucho chochel, pollas, mierdas y otras cosas aparentes, y no es Pink Flamingos. Y es una historia de amor de las buenas.
Incluso muertes y tal, quiero decir. Grandes pasiones que acaban mal, como todas las grandes pasiones. Y asimismo que mi ego me capture. Confundo a veces carácter con agresividad. Creo que no me quiero lo suficiente, no tengo tanto amor propio como es necesario para vivir de esa manera.
Y todo esto viendo una película. Una pista: es una película de los setenta muy famosa en su país con mucho chochel, pollas, mierdas y otras cosas aparentes, y no es Pink Flamingos. Y es una historia de amor de las buenas.
sábado, 24 de octubre de 2009
Formacion en Terapia Gestalt: memorias
Uno tiene la obligación moral de hacer las memorias de los talleres. Sin embargo, me cuesta mucho opnerme a ello.
Las memorias son sobre todo testimonio escrito de aquello que pasó. El primer beneficiario es uno, por dos motivos.
Uno, porque así puede volver y volver a lo que ocurrió, con su procesado posterior, a cómo lo vívió uno. Sin wishful thinking, sin idealizaciones: lo que ocurrió tal como uno lo vivió. Eso claramente, si uno ha sido sincero escribiéndolas - es que si no, es mejor no escribirlas, porque crea falsedad, y para eso mejor no crear nada.
Dos, porque en el proceso uno va llenando los huecos que quedan en la vivencia del taller. Se da cuenta de ciertas cosas que no se dió cuenta en el taller. Es una reflexión más reposada. Es más fácil ser observador desde la soledad, recordando y trasladando al presente las emociones, sentimientos e ideas expuestas, pudiendo así reaccionar desde la calma y poder ver su efecto en uno.
Qué buenas son las memorias. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto ponernos a hacerlas? A mí me cuesta horrores. En realidad, las trabajo, pero no por escrito. Los talleres están presentes normalmente hasta el siguiente taller. De más a menos, eso sí. Es decir, que los proceso - pero no queda testimonio escrito, más allá de este blog (que visto todo junto, debe ocupar más que las memorias de todo el curso - pero es otra cosa, es diferente. Complementario, se solapa de vez en cuando pero es otra cosa.
Ponerse a hacer las memorias requiere un esfuerzo, está claro. Hay que salir del área de confort, y ponerse a revivir algo que uno ha vivido.
Pensándolo bien, muchas veces echamos la vista atrás. Solemos recordar lo bueno... pero hacer las memorias del taller nos hace volver a algo... ¿que es supuestamente malo, entonces, y por eso no queremos volver a él? Nos crea incomodidad, supongo. Porque además, se trata de dar la opinión racional, en palabras de lo que pasó. No se puede uno escudar en la masa, y callarse su opinión. Se pone uno ante el más duro juez: uno mismo.
Es un tema difícil, este. Cada cual ha de resolverlo a su manera. Está claro que yo lo desvío a mi manera: escribiendo las cosas en mi universo: yo pongo las reglas, yo digo cuándo escribo, yo digo quién lo lee, yo digo cómo y por qué. Así ejerzo mi libertad. Sí, hablo de este blog.
Voy a ver Me llamo Earl en la tele. Quería ver Futurama, pero Me llamo Earl es buenísimo también.
Las memorias son sobre todo testimonio escrito de aquello que pasó. El primer beneficiario es uno, por dos motivos.
Uno, porque así puede volver y volver a lo que ocurrió, con su procesado posterior, a cómo lo vívió uno. Sin wishful thinking, sin idealizaciones: lo que ocurrió tal como uno lo vivió. Eso claramente, si uno ha sido sincero escribiéndolas - es que si no, es mejor no escribirlas, porque crea falsedad, y para eso mejor no crear nada.
Dos, porque en el proceso uno va llenando los huecos que quedan en la vivencia del taller. Se da cuenta de ciertas cosas que no se dió cuenta en el taller. Es una reflexión más reposada. Es más fácil ser observador desde la soledad, recordando y trasladando al presente las emociones, sentimientos e ideas expuestas, pudiendo así reaccionar desde la calma y poder ver su efecto en uno.
Qué buenas son las memorias. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto ponernos a hacerlas? A mí me cuesta horrores. En realidad, las trabajo, pero no por escrito. Los talleres están presentes normalmente hasta el siguiente taller. De más a menos, eso sí. Es decir, que los proceso - pero no queda testimonio escrito, más allá de este blog (que visto todo junto, debe ocupar más que las memorias de todo el curso - pero es otra cosa, es diferente. Complementario, se solapa de vez en cuando pero es otra cosa.
Ponerse a hacer las memorias requiere un esfuerzo, está claro. Hay que salir del área de confort, y ponerse a revivir algo que uno ha vivido.
Pensándolo bien, muchas veces echamos la vista atrás. Solemos recordar lo bueno... pero hacer las memorias del taller nos hace volver a algo... ¿que es supuestamente malo, entonces, y por eso no queremos volver a él? Nos crea incomodidad, supongo. Porque además, se trata de dar la opinión racional, en palabras de lo que pasó. No se puede uno escudar en la masa, y callarse su opinión. Se pone uno ante el más duro juez: uno mismo.
Es un tema difícil, este. Cada cual ha de resolverlo a su manera. Está claro que yo lo desvío a mi manera: escribiendo las cosas en mi universo: yo pongo las reglas, yo digo cuándo escribo, yo digo quién lo lee, yo digo cómo y por qué. Así ejerzo mi libertad. Sí, hablo de este blog.
Voy a ver Me llamo Earl en la tele. Quería ver Futurama, pero Me llamo Earl es buenísimo también.
Ni salí de casa ni la sonrisa puesta
Es duro hacerse ilusiones. Yo tiendo a hacerme ilusiones, y luego claro, cuando éstas no se cumplen llega el bajón. No llevo muy bien lo de perder, y me parece curioso. Creo que un día, para intentar ganar más, me obligué a no querer perder. Pero no sé, toda obligación conlleva una exigencia y asimismo un cercenamiento de una parte de uno.
No sé muy bien lo que digo, así que al grano: que cuando comparto tiempo con mi compañera de piso, me siento muy bien, me relaja, siento como que con ella todo está bien, que me entiende y la entiendo. Pero claro, tiene novio y le dice que le quiere por teléfono como se dicen los novios, y tal.
Sería una pena que pasara el tiempo y ella nunca supiera lo que hubo por mi parte, aunque se lo huela. Pero no dicho de palabra. Luego está la del cobarde, que es esperar a decirlo antes de irse uno - pero esto, para qué? Eso no es más que una nostalgia mal aprovechada, que tiene que salir por algún lado como un pedo. Y huele mal.
En fin. Un día extraño hoy en el que no he salido de casa, y eso también tiene que ver.
PD. Hoy había tutoría gestalt pero no he ido, este fin de semana me quedo.
No sé muy bien lo que digo, así que al grano: que cuando comparto tiempo con mi compañera de piso, me siento muy bien, me relaja, siento como que con ella todo está bien, que me entiende y la entiendo. Pero claro, tiene novio y le dice que le quiere por teléfono como se dicen los novios, y tal.
Sería una pena que pasara el tiempo y ella nunca supiera lo que hubo por mi parte, aunque se lo huela. Pero no dicho de palabra. Luego está la del cobarde, que es esperar a decirlo antes de irse uno - pero esto, para qué? Eso no es más que una nostalgia mal aprovechada, que tiene que salir por algún lado como un pedo. Y huele mal.
En fin. Un día extraño hoy en el que no he salido de casa, y eso también tiene que ver.
PD. Hoy había tutoría gestalt pero no he ido, este fin de semana me quedo.
jueves, 22 de octubre de 2009
Estar por estar, entrar por entrar
No tengo nada interesante que decir. Sólo he entrado a escribir que no tengo nada interesante que decir. Nada en absoluto.
He entrado por entrar. Porque no siempre tiene uno que escribir cuando las cosas son buenas o malas. ¿Por qué no escribir cuando son regulares también? Está claro que la emoción, el glamour, es menor. Por lo tanto el atractivo es menor. Por lo tanto, ¿para qué escribir?
Porque, reconozcámoslo: en algún punto de nosotros mismos, los lectores de blogs, ocasionales o regulares, somos vampiros. Queremos nutrirnos de las emociones o pensamientos del escritor.
Y para eso escribe el escritor, también. Para que sus ideas (ver la interesante teoría de los memes) se esparzan y puedan generar vida, a modo de riego de un campo seco, o plantando una semilla en tierra fértil, quién sabe. Al fin y al cabo, conectar con el mundo desde esta pequeña ventanita. Soltar cuerdas al aire manteniendo un extremo, con la esperanza de que alguien cogerá el otro extremo y así la cuerda se tensará y no quedará muerta.
Y seguro que tengo algo más que decir. El caso es que ni me apetece ni sé el qué. Podría contaros mis experiencias con el poker online, pero eso, os lo cuento otro día. Por lo menos os puedo decir que me va bien. Aunque acabo de echar dos torneos y he perdido los dos. Y ya no tengo tanto miedo a engancharme. Me siento más dueño de mí mismo que la primera semana en la que empecé a jugar.
Sí, supongo que quería hablar de esto. Hace tiempo ya.
He entrado por entrar. Porque no siempre tiene uno que escribir cuando las cosas son buenas o malas. ¿Por qué no escribir cuando son regulares también? Está claro que la emoción, el glamour, es menor. Por lo tanto el atractivo es menor. Por lo tanto, ¿para qué escribir?
Porque, reconozcámoslo: en algún punto de nosotros mismos, los lectores de blogs, ocasionales o regulares, somos vampiros. Queremos nutrirnos de las emociones o pensamientos del escritor.
Y para eso escribe el escritor, también. Para que sus ideas (ver la interesante teoría de los memes) se esparzan y puedan generar vida, a modo de riego de un campo seco, o plantando una semilla en tierra fértil, quién sabe. Al fin y al cabo, conectar con el mundo desde esta pequeña ventanita. Soltar cuerdas al aire manteniendo un extremo, con la esperanza de que alguien cogerá el otro extremo y así la cuerda se tensará y no quedará muerta.
Y seguro que tengo algo más que decir. El caso es que ni me apetece ni sé el qué. Podría contaros mis experiencias con el poker online, pero eso, os lo cuento otro día. Por lo menos os puedo decir que me va bien. Aunque acabo de echar dos torneos y he perdido los dos. Y ya no tengo tanto miedo a engancharme. Me siento más dueño de mí mismo que la primera semana en la que empecé a jugar.
Sí, supongo que quería hablar de esto. Hace tiempo ya.
lunes, 19 de octubre de 2009
Cosas viejas, cosas modernas
Ah, qué bien me está sentando el tazoncito de lentejas indias, de esas naranjas, con su ajo y su chorizo, su perejil cogido de la maceta y un par de hojitas de hierbabuena que lo mismo.
He tomado unas cervecitas hoy y me ha sentado bien. Y quería dejar constancia, de que aunque no apetezca mucho a veces, a mí me viene bien jorearme, ver gente, hablar con la gente. Por mi trabajo, si no me busco la vida me puedo pasar el día habiendo hablado no más de veinte veces (incluyendo los saludos de cortesía). Leía ayer un post de Erin Pavlina acerca de cuándo hay que cambiar de trabajo.
Me acaba de venir a la memoria, por unas cuantas asociaciones rápidas, aquél día en el que una compañera del taller me dijo que lo que veía en mí era un potencial enorme, mucho potencial. Me lo dijo el primer fin de semana de formación.
Me cuesta estar blandito, lo cual parece que es que, si me dejas sólo, mi carácter me pone duro. No es que me la ponga dura, porque en realidad se te pone más dura cuando estás blandito, paradojas de la vida. Uno funciona mucho mejor. En verdad nunca he tenido impotencia (salvo una vez, que habiendo bebido lo mío y haber andado hora y pico en busca de condones a las tantas de la mañana, no cuenta). Me refiero a la psicológica claro, la de que notas que algo pasa. Bueno, que algo no pasa, en realidad. Pero que tienes la cabeza tan ocupada que tus pensamientos y preocupaciones tienen estrangulado a tu colgajo y ni le llega la sangre.
El sábado por la noche tuve unas conversaciones trascendentales con dos amigos, pareja ellos, acerca de la felicidad. Todo venía de una discusión acerca del acelerador de hadrones del CERN. Resulta que, se decía, había una micronésima posibilidad de que todo, y con eso quiero decir el universo, se fuera al carajo. Se creara un agujero negro que absorbiera el mundo y hasta donde le diera del universo.
Esta es la base. Pero hay dos posibilidades: una es que ese agujero negro nos trague de inmediato. Otra es que ese agujero negro, tardara cincuenta años en tragarse la tierra, porque ya se sabe, digerir y soportar humanos es harto difícil.
Para mí no cambiaría las cosas: si esa posibilidad existiera realmente, mi voto es NO al acelerador de hadrones. ¿Por qué? Pues porque creo que para disfrutar del mundo que tenemos, no es necesario entenderlo completamente. Prefiero el riesgo de no entender, y dejar de recorrer una rama del progreso, al de no vivir ya más.
Sin embargo, algunos de mis amigos decían que sí, que si era inmediato sí les parecía bien: porque no se enteraría uno, se moriría y ya está. Sin embargo, al saber que tenemos 50 años de vida, el planeta devendría caos y la vida en la tierra sería mísera, según ellos lo peor del ser humano saldría en la lucha por la supervivencia y ellos ni querrían vivir eso - mejor estar muertos.
Yo de nuevo me aferro a la vida: prefiero 50 años agónicos, o diez, que ninguno. Es que de hecho estamos dando por supuesto que serán agónicos. Cosa que no tiene por qué ser así. De hecho podría ser totalmente al revés: que para lo que nos queda, nos decidamos al fin, quizá después de la consabida histeria y pánico originales, a vivir en paz con el prójimo y a hacer caso al Cristo que está cansado de mirar al suelo desde la pared. Si le dieran la vida, lo primero que diría sería: "Te lo dije". Era un listo.
Para matarse uno, siempre hay tiempo. Es cierto que una vez en harina, uno no se mata, por aquello del instinto de supervivencia. Según un amigo, somos esclavos del instinto de supervivencia. ¿Por qué no matarse? Me acuerdo de Mar Adentro.
Me cuesta entender el suicidio más allá de la esquizofrenia y demás putadas mentales, y aparte de situaciones como la de Sampedro, o la de Sartre - análisis racional. "Yo ya no pinto nada aquí". Eso lo entiendo. Porque supongo que, es verdad según su punto de vista racional. Cuando está guiado por el sentimiento, creo que no es real: si está guiado por el sentimiento, es que estás jodido, no que te quieres morir. No es lo mismo. Son las circunstancias las que no aguantas, no las soportas y te vencen. No es lo mismo que querer morir, desde un punto de vista positivo. El anterior es negativo, de huida.
Uf, podría seguir aquí charrando largo y tendido, y de un tema sacar otro. Hoy estoy parlanchín, o más bien teclachín, que es como deberían llamarse aquellos que padecen de logorrea en el teclado.
Pues bueno. Hoy además venía como siempre con la tripa tensa en el metro, aglomeración de gente extraña y amenazante. Soy muy sensible, oigs.
Y aparte de eso, tenía ganas de hacer canciones libres, de jugar con la voz, la música, etcétera. Me ha gustado que las chicas estuvieran ya en sus cuartos, o al punto de irse a dormir. Así que estaba más tranquilo que padiós. Ya venía cantando por la calle una canción de Björk de la que me he acordado en el curro, The modern things, una canción preciosa. Me encanta esta parte de la letra:
All the modern things
like cars and such
have always existed
they've just been waiting in a mountain
for the right moment
listening to the irritating noises
of dinosaurs and people
dabbling outside
all the modern things
have always existed
they've just been waiting
to come out
and multiply
and take over
Es genial. Resulta que las cosas modernas, como los coches y esas cosas, ¡siempre han existido! Simplemente, estaban esperando su momento para aparecer. Mientras han estado escuchando los sonidos irritantes de los dinosaurios y de la gente, tocando los huevos. Han estado esperando para salir y multiplicarse, y conquistar el mundo. es su momento ahora.
Yo sólo puedo sonreír.
He tomado unas cervecitas hoy y me ha sentado bien. Y quería dejar constancia, de que aunque no apetezca mucho a veces, a mí me viene bien jorearme, ver gente, hablar con la gente. Por mi trabajo, si no me busco la vida me puedo pasar el día habiendo hablado no más de veinte veces (incluyendo los saludos de cortesía). Leía ayer un post de Erin Pavlina acerca de cuándo hay que cambiar de trabajo.
Me acaba de venir a la memoria, por unas cuantas asociaciones rápidas, aquél día en el que una compañera del taller me dijo que lo que veía en mí era un potencial enorme, mucho potencial. Me lo dijo el primer fin de semana de formación.
Me cuesta estar blandito, lo cual parece que es que, si me dejas sólo, mi carácter me pone duro. No es que me la ponga dura, porque en realidad se te pone más dura cuando estás blandito, paradojas de la vida. Uno funciona mucho mejor. En verdad nunca he tenido impotencia (salvo una vez, que habiendo bebido lo mío y haber andado hora y pico en busca de condones a las tantas de la mañana, no cuenta). Me refiero a la psicológica claro, la de que notas que algo pasa. Bueno, que algo no pasa, en realidad. Pero que tienes la cabeza tan ocupada que tus pensamientos y preocupaciones tienen estrangulado a tu colgajo y ni le llega la sangre.
El sábado por la noche tuve unas conversaciones trascendentales con dos amigos, pareja ellos, acerca de la felicidad. Todo venía de una discusión acerca del acelerador de hadrones del CERN. Resulta que, se decía, había una micronésima posibilidad de que todo, y con eso quiero decir el universo, se fuera al carajo. Se creara un agujero negro que absorbiera el mundo y hasta donde le diera del universo.
Esta es la base. Pero hay dos posibilidades: una es que ese agujero negro nos trague de inmediato. Otra es que ese agujero negro, tardara cincuenta años en tragarse la tierra, porque ya se sabe, digerir y soportar humanos es harto difícil.
Para mí no cambiaría las cosas: si esa posibilidad existiera realmente, mi voto es NO al acelerador de hadrones. ¿Por qué? Pues porque creo que para disfrutar del mundo que tenemos, no es necesario entenderlo completamente. Prefiero el riesgo de no entender, y dejar de recorrer una rama del progreso, al de no vivir ya más.
Sin embargo, algunos de mis amigos decían que sí, que si era inmediato sí les parecía bien: porque no se enteraría uno, se moriría y ya está. Sin embargo, al saber que tenemos 50 años de vida, el planeta devendría caos y la vida en la tierra sería mísera, según ellos lo peor del ser humano saldría en la lucha por la supervivencia y ellos ni querrían vivir eso - mejor estar muertos.
Yo de nuevo me aferro a la vida: prefiero 50 años agónicos, o diez, que ninguno. Es que de hecho estamos dando por supuesto que serán agónicos. Cosa que no tiene por qué ser así. De hecho podría ser totalmente al revés: que para lo que nos queda, nos decidamos al fin, quizá después de la consabida histeria y pánico originales, a vivir en paz con el prójimo y a hacer caso al Cristo que está cansado de mirar al suelo desde la pared. Si le dieran la vida, lo primero que diría sería: "Te lo dije". Era un listo.
Para matarse uno, siempre hay tiempo. Es cierto que una vez en harina, uno no se mata, por aquello del instinto de supervivencia. Según un amigo, somos esclavos del instinto de supervivencia. ¿Por qué no matarse? Me acuerdo de Mar Adentro.
Me cuesta entender el suicidio más allá de la esquizofrenia y demás putadas mentales, y aparte de situaciones como la de Sampedro, o la de Sartre - análisis racional. "Yo ya no pinto nada aquí". Eso lo entiendo. Porque supongo que, es verdad según su punto de vista racional. Cuando está guiado por el sentimiento, creo que no es real: si está guiado por el sentimiento, es que estás jodido, no que te quieres morir. No es lo mismo. Son las circunstancias las que no aguantas, no las soportas y te vencen. No es lo mismo que querer morir, desde un punto de vista positivo. El anterior es negativo, de huida.
Uf, podría seguir aquí charrando largo y tendido, y de un tema sacar otro. Hoy estoy parlanchín, o más bien teclachín, que es como deberían llamarse aquellos que padecen de logorrea en el teclado.
Pues bueno. Hoy además venía como siempre con la tripa tensa en el metro, aglomeración de gente extraña y amenazante. Soy muy sensible, oigs.
Y aparte de eso, tenía ganas de hacer canciones libres, de jugar con la voz, la música, etcétera. Me ha gustado que las chicas estuvieran ya en sus cuartos, o al punto de irse a dormir. Así que estaba más tranquilo que padiós. Ya venía cantando por la calle una canción de Björk de la que me he acordado en el curro, The modern things, una canción preciosa. Me encanta esta parte de la letra:
All the modern things
like cars and such
have always existed
they've just been waiting in a mountain
for the right moment
listening to the irritating noises
of dinosaurs and people
dabbling outside
all the modern things
have always existed
they've just been waiting
to come out
and multiply
and take over
Es genial. Resulta que las cosas modernas, como los coches y esas cosas, ¡siempre han existido! Simplemente, estaban esperando su momento para aparecer. Mientras han estado escuchando los sonidos irritantes de los dinosaurios y de la gente, tocando los huevos. Han estado esperando para salir y multiplicarse, y conquistar el mundo. es su momento ahora.
Yo sólo puedo sonreír.
Las aventuras del Barón Tontorrón
Acabo de ver Las Aventuras del Barón Munchausen.
Y siento que la vida me ha vencido.
Quizás he llegado a ser eso que uno nunca piensa que llegará a ser cuando es niño, cuando está lleno de fantasía y tiene muy, muy claros los principios que rigen la vida de uno, aquellos que uno nunca moraría y, sobre todo, qué es lo que vale la pena en la vida.
Es cierto, al menos, puedo verlo. Soy capaz de verlo, así que no estoy vencido del todo. Igual que el barón en la película.
Sin embargo, aunque tengo ideas de vez en cuando, sólo pensar en tener que defenderlas una vez hechas, y la sensación de fracaso si me pongo a hacerlo y no sale, y no tener la sensación de que me llenaría, de que es un propósito importante en mi vida, me pone freno, es decir, me pongo freno.
Cuando era más joven, tenía devoción por el mero hecho de crear, de hollar lo inexplorado. Daba igual el resultado, lo importante era el hecho de pisar esa hierba inédita que bien podría ser fango, pero qué más daba.
Esto me duele mucho.
Y siento que la vida me ha vencido.
Quizás he llegado a ser eso que uno nunca piensa que llegará a ser cuando es niño, cuando está lleno de fantasía y tiene muy, muy claros los principios que rigen la vida de uno, aquellos que uno nunca moraría y, sobre todo, qué es lo que vale la pena en la vida.
Es cierto, al menos, puedo verlo. Soy capaz de verlo, así que no estoy vencido del todo. Igual que el barón en la película.
Sin embargo, aunque tengo ideas de vez en cuando, sólo pensar en tener que defenderlas una vez hechas, y la sensación de fracaso si me pongo a hacerlo y no sale, y no tener la sensación de que me llenaría, de que es un propósito importante en mi vida, me pone freno, es decir, me pongo freno.
Cuando era más joven, tenía devoción por el mero hecho de crear, de hollar lo inexplorado. Daba igual el resultado, lo importante era el hecho de pisar esa hierba inédita que bien podría ser fango, pero qué más daba.
Esto me duele mucho.
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