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jueves, 29 de agosto de 2013

El espacio entre nosotros

Me acaricias con tu silencio y con tu espera
con un abrazo laberíntico que me deja perderme
    en él.
Y lo recorro sin preguntar, sin saber si está bien
    o está mal.
Y sin necesidad de saber, el espacio entre nosotros
    está bien.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Dame una oportunidad - Abba - traducción Take a Chance on me

De algún modo, ABBA trajo a la literatura de canciones la posición desesperada de las mujeres, algo que, por lo general, se reserva a los varones. Los hombres, que quitándose la vergüenza y en arrebatos de sinceridad, son capaces de admitir que están desesperados por pillar. Lo cual hace a las mujeres poderosas, ya que así se arrogan la facultad de elegir el borracho que menos les desagrade.

Siempre me ha llamado la atención la letra de "Take a chance on me", la famosa canción de Abba. Parece la voz de las murciélagos, o de aquellos que están esperando a que una pareja se pelee para ponerse bajo los focos. Las letras de Abba, tanto en esta canción, como en "Gimme! Gimme! Gimme(a man after midnight)" y en otras, dignifican esta posición femenina de asunción de la desesperación por la soledad.

Esta canción es la insistencia ciega y la posesión. Tras darse cuenta de que, cierto, no soy de las guapas, lo compenso con lo pesada que soy. Así se han conseguido, creo, la mayoría de matrimonios. Tú déjame estar a tu lado y yo decido por ti. Tengo tantas cosas que hacer contigo, he vivido todo en mi mente.


A mí es que me agobia mogollón, vaya.

Y a la vez me transmite una ternura y comprensión profunda, como si pruebas un vino que no te termina de gustar, pero que notas que tiene una gran pureza. Debe ser eso lo que engancha a las parejas, el reconocer el sabor de ese vino particular, que sólo pruebas tú, y que aunque a veces no te gusta, es el sabor de lo conocido y de lo inalterable, de lo tuyo.

En algún punto de nuestra alma, saber que algo no va a cambiar nos reconforta.

Al menos, a los viejos.

O a los que no tienen trabajo fijo.

Dame una oportunidad


Si cambias de idea, soy la primera en la lista.
Todavía estoy libre.
Dame una oportunidad.
Si me necesitas, dímelo y voy.
Si no tienes donde ir, si te sientes mal.
Si estás solo cuando las guapas se han dado el piro, cariño, aquí estoy yo.
Lo haré lo mejor que pueda, no te miento. Si me haces la prueba, si me dejas intentarlo.

Dame una oportunidad, es todo lo que pido.

Podemos ir a bailar, a pasear, mientras estemos juntos.
Escucharemos música, quizá sólo hablar, conocerte mejor.
Porque tengo tantas cosas que quiero hacer,
cuando sueño que estoy junto a ti es mágico.
Quieres que lo deje estar, tienes miedo de tener una relación,
pero creo que sabes que yo no me voy a bajar del burro.

Tómate el tiempo que quieras, no tengo prisa. Sé que te conseguiré.
No me quieres hacer daño... no te preocupes, no voy a dejarte. Déjame que te diga que mi amor es tan fuerte que perdurará cuando las cosas vayan de culo y cuesta abajo.
Dices que pierdo el tiempo pero no te puedo sacar de mi mente. Ni pensarlo, no voy a pasar de ti porque te quiero mogollón y medio.

domingo, 16 de enero de 2011

La destrucción va a llegar, asi que todos a bailar

Siempre me han fascinado aquellas figuras, generalmente cinematográficas, que irrumpían en una familia presuntamente estable y que hacían relucir la flaqueza de las estructuras en las que se sustentaban. Generalmente tomaban la forma de galán misterioso, enfant terrible, o bien de hembra seductora, segura de sí misma.

Tirando un poco del hilo, descubro que dentro de mí, como dentro de muchos, hay una parte destructiva, que tiende a desear la destrucción de lo establecido.

Pero hay un trasfondo más allá. Se le viene dando a la destrucción un tinte desolador, terrible, espantoso, amenazador, generador de miedo y ansiedad. Sin embargo, la destrucción es necesaria para que exista la creación. Y crear es una de esas cosas que nos da sentido.

Cada cual lleva el tema de la destrucción a su manera. Yo, creo, destruyo poco, en general. Tengo bastante miedo a destruir demasiado y hacer daño con ello. Generalmente se ve también como un apego: no destruir aquello a lo que le ha llegado la hora - pero uno se resiste a admitirlo, cree ingenuamente que va a cambiar o simplemente por vagancia o miedo, no toma la acción pertinente de destrucción.

¿En qué piensas cuando oyes la palabra destrucción? ¿Se trata de algo abstracto(destrucción de puestos de trabajo - horrible aunque común uso de la palabra destruir) o concreto(demolición de un edificio)?
Sin embargo, casi todos los días tomamos acciones que destruyen, o se encaminan hacia la destrucción de algo.

Puedes buscar tu relación con la destrucción en muchas áreas de tu vida. Probablemente te relaciones de diferentes maneras en diferentes ámbitos, pero es muy fácil que puedas ver un patrón claro en esa relación si mantienes tus ojos abiertos.

sábado, 13 de febrero de 2010

Zona cero

Que raro me resulta estar en mi ciudad natal. Casa de mis padres.
Hoy ni he salido de casa, he estado durmiendo hasta las dos y luego haciendo cosas con el ordenador. Pensaba salir pero ni eso. Llamar a alguien, pero ni eso. Es como una parálisis rara. No hago nada, no siento nada.

Deben ser mis ideas de volver a la ciudad. Intento no darme mucho mal, pero en realidad, no lo veo claro. Es algo que me pasa siempre: si pienso en un cambio, me aferro a lo anterior; sin embargo si continúo, al poco me quejo. No estoy educado para la felicidad.

Me da un poco de vértigo pensar en quedarme aquí más que una temporada. Supongo que me digo lo de una temporada, para tranquilizarme. El otro día hablaba con un conocido, que hace años que no hablaba. Ha emigrado a otra ciudad más grande, porque la presión social de familia y ambiente le agobiaban. Me empecé a sentir un poco así. Aunque también creo que hay parte de huida interior en eso, pero está claro que a veces los cambios son necesarios.

La vida en mi ciudad es tan tranquila que acojona, o al menos mi ambiente social. Está claro que de volver, tendría que montarme las cosas de nuevo en gran medida, y no dejarme arrastrar por lo anterior, a lo cual soy bastante asiduo y no me gustaría caer. En mi entorno cada cual tiene bastante definido su lugar, o al menos así lo veo yo y tambíén me acomodo a eso, porque es cómodo seguir las reglas y los automatismos, más que romperlos.

Hoy se termina el día y me queda la sensación de haber hecho poca cosa. Vitalmente, no he tenido casi ninguna emocíón; corporalmente, el mínimo movimiento, ni siquiera una ducha; socialmente, en casa, con el ordenador, padres y televisión. Su rutina aceptada y feliz me recuerda que yo no he encontrado una rutina feliz, y también que debo ser más inquieto porque no me satisface, o no me llena, simplemente "estar ahí" de esa manera.

Pensaba hacer cosas. Hace un tiempo, pensaba en que me gustaría aprovechar los días que pase aquí para hacer cosas, pero ya ves: cero. Y a nivel mental, porque me he pasado el día intentando instalar un espacio de trabajo en este portátil que al final no ha terminado de funcionar. He escrito unos textos que sí que han quedado bien, eso sí. Pero salir ahí fuera, quedar con gente, me suena a enfrentarme a algo, no a disfrutar algo. Eso no me gusta. ¡Vaya panorama! Desde luego, no me vendría nad mal ampliar y dejar entrar aire fresco en mis amistades. E intentar quizás, otro tipo de gente que me venga mejor. Al menos que me guste y lo pase bien con ellos, aunque ya sé que las barreras las pongo yo en gran medida.

La verdad que últimamente estoy un tanto liado. Veo claro que me cuesta sentir lo que de verdad quiero, no me vienen las emociones que te dicen "esto" o "lo otro" claramente. Que en última instancia son los guías que tenemos. Dicho de otra manera más moderna: que vivo bastante desconectado de mí, de lo que me importa, de lo que me gusta, etc.

Todas estas divagaciones pueden venir de que estoy planteándome un cambio y aquí hay bastantes resistencias. La verdad, me parece haber renunciado a esa parte interior que tenía cojones y sabía lo que quería, o bien lo que no quería. Ese niño un tanto egoísta pero muy claro. Juguetón a veces, a veces enfadado, etc.

A veces, me parece que estoy esperando que llegue la muerte. Sí, es miedo supongo. A no saber. A moverme. A ser.

martes, 15 de diciembre de 2009

5 signos para saber si estás casado con tus problemas - y cómo divorciarte de ellos

Acabo de encontrar un sitio muy interesante: Illuminated Mind. He leído tres artículos al azar. Vale, al azar no: llegué por un link acerca de Cómo reiniciar tu vida en Zen Habits.

El culto a la productividad, Cómo saber si te has casado con tus problemas (y como divorciarte), o incluso su libro gratuito La semana laboral de cero horas: que te paguen por ser tú mismo.

El tipo parece tener un carácter parecido al mío, por lo que diviso en sus artículos, lo cual me parece bien. Así lo entiendo y me sirve como un modelo más claro. Siempre es mejor leer los libros en el idioma de uno.

Respecto del "Cómo divorciarte de tus problemas", los puntos son:

1. Romper se ha convertido en una obsesión
2. Inventar es más fácil que romper
3. Mi relación me define
4. Perderé mi salvavidas

Y voy a traducir el punto cinco que es el que más me ha llegado:

5. No quiero estar solo.

El último signo de que te has casado con tus malos hábitos es que te sientes vacío sin ellos. He elegido este como el último punto porque va de la transición, del cambio entre lo viejo y lo nuevo. Mucha gente resiste el cambio porque sienten que si dejan ir lo anterior, se quedarán con un horrible vacío en su vida.

Es cierto en cierta medida, que el sentimiento de vacío es parte de la pérdida. Mucha gente no rompe lazos con sus viejas maneras de hacer las cosas porque prefieren malo conocido que bueno por conocer. Esto es, mejor vivir en el confort de unos hábitos malsanos que experimentar la pérdida.

Cuando nos divorciamos de nuestros malos hábitos, creamos nuevos y sanos hábitos en su lugar. No crear una vida que es simplemente un papel en blanco. El problema con esto es que mucha gente se ha habituado tanto a lo anteriur que no pueden ni imaginar cómo sería algo diferente. No creen que exista tal cosa para ellos, aparte de el abismo. Si has estado en una relación abusiva contigo mismo durante toda tu vida, sería muy difícil para ti imaginar cómo podría ser una relación amorosa, una relación sin que no parta del juicio.

Para crear hábitos nuevos y más sanos en lugar de aquellos que nos joden la existencia, necesitamos ser valientes. Necesitamos tener el coraje suficiente para explorar nuevas maneras de vivir. Tomará tiempo re-identificarte con tu nuevo estilo de vida (aunque debes darte tiempo para llorar la pérdida, y permitiéndote tu manera personal de decir adiós - es un proceso de saneamiento).

Creamos relaciones con nuestros hábitos igual que hacemos con nuestros padres, parejas y amigos. A veces es duro decir por qué no podemos decir adiós, cuando todo parece distanciarnos. Coño, cambié de residencia de Los Ángeles a Seattle y seguía volviendo a ver a mi ex. (Esto me recuerda a mí...)

No me di cuenta entonces, pero no podía dejar aquello porque me había apegado a ella. De la misma manera, intenté romper con mis malos hábitos pero seguían volviendo, arrastrándose hacia mí. Es como si mis hábitos fueran un gigantesco imán y cuanto más intentara separarme de él, más atraído acababa.

Lo que entendí entonces es que mi obsesión con el hábito, era el imán mismo.

Romper lazos con viejos hábitos no es fácil. Hay que tener cojones para dejar a tus problemas, cuando te has montado una relación tan cercana con ellos. Seguramente sientas angustia de separación.

Cuando esto pase, mirarás a los malos hábitos que solías tener con ternura. Incluso puede que te des cuenta de que estaban ahí para enseñarte algo. Te ayudaron a entender la vida que necesitabas llevar.

Incluso puede que te des cuenta de que tus problemas eran, en el fondo, oportunidades escondidas para crecer.