Mostrando entradas con la etiqueta resultado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resultado. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de agosto de 2008

Arte hijoputa

Hay gente que se centra en proyectos, tanto, que se olvidan de su proyecto esencial: su propia vida.

En este prolongado tiempo de (llamar al gabinete de prensa del PSOE para insertar sinónimo de crisis que no suene muy mal aquí), he tenido la sensación de que empezar/continuar algún tipo de proyecto artístico ambicioso, supondría el olvido o rechazo de mis problemas esenciales - que no su cura. No sería un plantarles cara sino un hacerlos crónicos, por el utilizar esos problemas para nutrir el arte - pero, ¿qué pasa conmigo?. Que hubiera corrido el riesgo de perderme en el proyecto.
Innumerables son los ejemplos de artistas que han escogido ese camino: nutrir al arte con el propio dolor. Cuando es al revés(el arte nutre a uno, a modo de terapia), es cojonudo. Aun doliente, se disfruta, en cuanto que sana. Pero en este otro sistema, uno pierde el control de uno: se identifica con el arte en vez de consigo mismo, y tiende a sufrir en nombre del arte como si fuera un deber supremo - utilizar al arte como razón para la autodestrucción.

Vi que eso podría ocurrirme a mí si me hubiera abandonado en ese camino. Ése era el miedo.

Recuerdo haber relacionado este pensamiento con el amor por la humanidad, en tanto que el artista siente que le debe eso a la humanidad, entregar ese arte que si no lo hago yo no lo hace nadie. ¿Amor a la humanidad? ¿No será más bien ego exacerbado, necesidad de sentirse salvador? O también, desde el otro polo, autodevaluación(en tanto que necesito entregar algo excepcional al mundo para sentirme merecedor de la vida)?

En fin, en cualquier caso, les dejo un refrán que añadir al vasto refranero castellano:

Arte que no se disfruta, se lo quede el hijoputa.

domingo, 6 de enero de 2008

La vagancia y la novedad

Me siento tenso, con ganas de actividad pero sin hacerla, sin saber qué hacer. Tengo ideas pero no cojo ninguna con fuerzas suficientes como para rendirme a ella y hacerla y disfrutarla plenamente.

Creo que si no tuviera que defender ningún estatus, es decir que estuviera limpio de pasado, me lanzaría a esas cosas nuevas, ya que nada me ataría a defender una manera de ser especial, o unas expectativas, propias y ajenas. Es lo que me pasó en Nottingham, de hecho. Reacciono mejor ante situaciones nuevas que ante situaciones conocidas, ya que éstas al ya ser conocidas, no me aportan mucho. Las nuevas en cambio me obligan a estar en el sitio.

Esto me recuerda a Vassily Ivanchuk, un jugador de ajedrez genial, que dice sentirse más creativo cuando juega posiciones en las que todavía no tiene ideas prefijadas, porque son nuevas para él y no vienen de análisis previos. En cambio, en aperturas o sistemas "trillados", no se siente tan libre, ya que tiene prejuicios (juicios previos) a la posición y entonces las ideas no fluyen con libertad.

martes, 4 de diciembre de 2007

Tension y des-responsabilizacion

Me tenso con facilidad.
Ahora mismo estoy tenso. Después de cenar, estaba entre tensión y adormilamiento viendo en la tele una serie mala llamada "Herederos".
Me molesta que me moleste la tele, lo que veo en la tele, en vez de pasar de ello. Supongo que concedo cierto viso de realidad a la ficción de la tele. Me he sorprendido muchas veces generando pensamientos basados en lo visto en la televisión. Yo mismo veo que no tiene sentido, que eso no está bien. Para empezar porque no es real, y segundo porque aun siendo real sólo sería un hecho particular concreto (cierto comportamiento, o moralejas del tipo "a esta acción o modo de vida se le destina o le corresponde éste o aquél final", "fíjate lo que le ha pasado a ese por hacer aquello", etc.). Como si fuera válido basar nuestra concepción de ciertos aspectos de la vida en lo que acabamos de ver en el último cuarto de hora. Es absurdo, es una des-responsabilización. Pero acepto que la tengo ahí, es cierto. Aunque cada vez menos, pero me salta el resorte.

Esta tarde jugando a los dardos en el bar, por un rato me he sentido en contacto, me he gustado. Hace tiempo que no me gustaba durante tanto rato, estando con gente y haciendo algo(Y sin estar borracho). Sin importarme tanto el resultado de lo que hacía sino cómo lo hacía. Si el veinte triple no entraba, y entraba en un uno pero iba cerca, me valía, estaba bien. Otras veces me desanimo o me alegro dependiendo del resultado. Y también desde mi entendimiento, veo que eso es demasiado relativo, y me gustaría simplemente, sentir lo bueno del hecho de jugar, no del resultado, que es como me sentía cuando era niño y lo daba todo jugando, y a la vez no me importaba perder o ganar sino haberlo intentado y haberlo dado todo.

Nostalgia de la niñez: acaso encuentras fin.