Emilio Duró-12 minutos de pura Genialidad! from Lorenzo Trader on Vimeo.
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martes, 24 de julio de 2012
Emilio Duró - Motivación y Filosofía de vida
Emilio Duró es un hombre de negocios que un día dio una conferencia, que se grabó inadvertidamente y subió a Youtube sin él saberlo, tuvo un éxito tremendo y ahora va por ahí dando conferencias sobre motivación y filosofía de vida, en empresas sobre todo. También lo han llamado de la televisión (Quintero, Buenafuente) y aunque se repite bastante en cuanto ves vídeos suyos en varios sitios, imprime un carácter y una pasión cada vez que lo dice, que se nota que son creencias bien arraigadas (él habla de su experiencia en gran medida).
Y como a mí me gusta, con mucho sentido del humor.
domingo, 16 de enero de 2011
La destrucción va a llegar, asi que todos a bailar
Siempre me han fascinado aquellas figuras, generalmente cinematográficas, que irrumpían en una familia presuntamente estable y que hacían relucir la flaqueza de las estructuras en las que se sustentaban. Generalmente tomaban la forma de galán misterioso, enfant terrible, o bien de hembra seductora, segura de sí misma.
Tirando un poco del hilo, descubro que dentro de mí, como dentro de muchos, hay una parte destructiva, que tiende a desear la destrucción de lo establecido.
Pero hay un trasfondo más allá. Se le viene dando a la destrucción un tinte desolador, terrible, espantoso, amenazador, generador de miedo y ansiedad. Sin embargo, la destrucción es necesaria para que exista la creación. Y crear es una de esas cosas que nos da sentido.
Cada cual lleva el tema de la destrucción a su manera. Yo, creo, destruyo poco, en general. Tengo bastante miedo a destruir demasiado y hacer daño con ello. Generalmente se ve también como un apego: no destruir aquello a lo que le ha llegado la hora - pero uno se resiste a admitirlo, cree ingenuamente que va a cambiar o simplemente por vagancia o miedo, no toma la acción pertinente de destrucción.
¿En qué piensas cuando oyes la palabra destrucción? ¿Se trata de algo abstracto(destrucción de puestos de trabajo - horrible aunque común uso de la palabra destruir) o concreto(demolición de un edificio)?
Sin embargo, casi todos los días tomamos acciones que destruyen, o se encaminan hacia la destrucción de algo.
Puedes buscar tu relación con la destrucción en muchas áreas de tu vida. Probablemente te relaciones de diferentes maneras en diferentes ámbitos, pero es muy fácil que puedas ver un patrón claro en esa relación si mantienes tus ojos abiertos.
Tirando un poco del hilo, descubro que dentro de mí, como dentro de muchos, hay una parte destructiva, que tiende a desear la destrucción de lo establecido.
Pero hay un trasfondo más allá. Se le viene dando a la destrucción un tinte desolador, terrible, espantoso, amenazador, generador de miedo y ansiedad. Sin embargo, la destrucción es necesaria para que exista la creación. Y crear es una de esas cosas que nos da sentido.
Cada cual lleva el tema de la destrucción a su manera. Yo, creo, destruyo poco, en general. Tengo bastante miedo a destruir demasiado y hacer daño con ello. Generalmente se ve también como un apego: no destruir aquello a lo que le ha llegado la hora - pero uno se resiste a admitirlo, cree ingenuamente que va a cambiar o simplemente por vagancia o miedo, no toma la acción pertinente de destrucción.
¿En qué piensas cuando oyes la palabra destrucción? ¿Se trata de algo abstracto(destrucción de puestos de trabajo - horrible aunque común uso de la palabra destruir) o concreto(demolición de un edificio)?
Sin embargo, casi todos los días tomamos acciones que destruyen, o se encaminan hacia la destrucción de algo.
Puedes buscar tu relación con la destrucción en muchas áreas de tu vida. Probablemente te relaciones de diferentes maneras en diferentes ámbitos, pero es muy fácil que puedas ver un patrón claro en esa relación si mantienes tus ojos abiertos.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Miedo psicológico: la exigencia de la originalidad
Y seguimos con otro miedo, estoy que lo tiro señora...
El miedo a no ser original. Este es bueno.
Me he acordado de este miedo esta tarde en el autobús mientras leía el libro ese del psicoanálisis. No sé si por suerte o por desgracia, periódicamente, y esto es más o menos dos veces al mes, me toca hacer unos viajes en autobús solo de unas cuatro horitas o así.
El miedo a no ser original. Más que miedo, es la exigencia de ser original. Me exijo a mi mismo que lo que yo haga debe ser de valor intrínseco (mi definición de valor puede diferir de la acepción mayoritaria, pero eso es lo de menos). Es decir, que sea algo que aporte algo nuevo, que tenga valor por sí mismo. Que no sea (y que no pueda achacársele) ser una copia, un plagio, estar claramente basado en esto o en aquello. Si lo hago, quiero ser consciente de ello (a veces es simplemente así, y cuando es así yo no le doy mucha importancia).
Tengo miedo a la mediocridad, que para mí no consiste en hacer las cosas mal o bien, sino en no ofrecer una visión novedosa sobre algo. Los robots hacen las cosas bien, y no por eso tienen valor - espero que esto clarifique a lo que me refiero. La chispa humana, el valor intrínseco. El chiste que nadie ha hecho. El verso inaudito. La visión sorprendente. Eso.
A eso de los catorce años, o creo que antes, empecé a pensar en eso. Me di cuenta de que simplemente hacer las cosas bien no bastaba. O mejor, no me bastaba. Eso era fácil y sin fuste. Yo tenía que, además de hacer las cosas bien (como base), proponer nuevas vías. Donde ya no importa tanto si se hacen las cosas bien(preferible pero ni mucho menos necesario) sino hacerlas de manera auténtica, original.
Yo, que me caracterizaba por ser un estudiante modelo, tanto en las asignaturas de estudiar como las creativas y la gimnasia (le daba a todo, un día un amigo me dijo "tú que pasa, ¿eres perfecto o que?", si no recuerdo mal tras marcar un buen gol), empezó a saberme a poco hacer lo que me decían. Aprender lo que me hacían aprender. Es decir, ¿qué había de creativo en aprenderse de memoria esto o lo otro? Y más allá de eso, ¿para qué queremos aprender eso? A mi me empezaron a interesar otro tipo de cosas, lo que viene a llamarse la genialidad. Me empecé a fijar en otro tipo de música, de pintura, de cine, etc. Abrí mi mente a lo que aquellos buscadores de originalidad me ofrecían. Bueno: yo busqué, no sabía lo que iba a encontrar. Me pareció que lo normal ya no sabía a nada, había que buscar lo excepcional(por humano, no me refiero a excepcional como un ferrerorrocher).
Y así fui dejando de sacar tan buenas notas para empezar a ir estudiando justo antes del examen, ir dándome a la vida disoluta, interesándome por las cosas raras, etcétera, etcétera, etcétera...
El miedo a no ser original. Este es bueno.
Me he acordado de este miedo esta tarde en el autobús mientras leía el libro ese del psicoanálisis. No sé si por suerte o por desgracia, periódicamente, y esto es más o menos dos veces al mes, me toca hacer unos viajes en autobús solo de unas cuatro horitas o así.
El miedo a no ser original. Más que miedo, es la exigencia de ser original. Me exijo a mi mismo que lo que yo haga debe ser de valor intrínseco (mi definición de valor puede diferir de la acepción mayoritaria, pero eso es lo de menos). Es decir, que sea algo que aporte algo nuevo, que tenga valor por sí mismo. Que no sea (y que no pueda achacársele) ser una copia, un plagio, estar claramente basado en esto o en aquello. Si lo hago, quiero ser consciente de ello (a veces es simplemente así, y cuando es así yo no le doy mucha importancia).
Tengo miedo a la mediocridad, que para mí no consiste en hacer las cosas mal o bien, sino en no ofrecer una visión novedosa sobre algo. Los robots hacen las cosas bien, y no por eso tienen valor - espero que esto clarifique a lo que me refiero. La chispa humana, el valor intrínseco. El chiste que nadie ha hecho. El verso inaudito. La visión sorprendente. Eso.
A eso de los catorce años, o creo que antes, empecé a pensar en eso. Me di cuenta de que simplemente hacer las cosas bien no bastaba. O mejor, no me bastaba. Eso era fácil y sin fuste. Yo tenía que, además de hacer las cosas bien (como base), proponer nuevas vías. Donde ya no importa tanto si se hacen las cosas bien(preferible pero ni mucho menos necesario) sino hacerlas de manera auténtica, original.
Yo, que me caracterizaba por ser un estudiante modelo, tanto en las asignaturas de estudiar como las creativas y la gimnasia (le daba a todo, un día un amigo me dijo "tú que pasa, ¿eres perfecto o que?", si no recuerdo mal tras marcar un buen gol), empezó a saberme a poco hacer lo que me decían. Aprender lo que me hacían aprender. Es decir, ¿qué había de creativo en aprenderse de memoria esto o lo otro? Y más allá de eso, ¿para qué queremos aprender eso? A mi me empezaron a interesar otro tipo de cosas, lo que viene a llamarse la genialidad. Me empecé a fijar en otro tipo de música, de pintura, de cine, etc. Abrí mi mente a lo que aquellos buscadores de originalidad me ofrecían. Bueno: yo busqué, no sabía lo que iba a encontrar. Me pareció que lo normal ya no sabía a nada, había que buscar lo excepcional(por humano, no me refiero a excepcional como un ferrerorrocher).
Y así fui dejando de sacar tan buenas notas para empezar a ir estudiando justo antes del examen, ir dándome a la vida disoluta, interesándome por las cosas raras, etcétera, etcétera, etcétera...
Etiquetas:
angustia,
arte,
creatividad,
exigencia,
mediocridad,
miedo,
musica,
psicoanalisis,
psicologia,
terapia Gestalt
lunes, 19 de octubre de 2009
Las aventuras del Barón Tontorrón
Acabo de ver Las Aventuras del Barón Munchausen.
Y siento que la vida me ha vencido.
Quizás he llegado a ser eso que uno nunca piensa que llegará a ser cuando es niño, cuando está lleno de fantasía y tiene muy, muy claros los principios que rigen la vida de uno, aquellos que uno nunca moraría y, sobre todo, qué es lo que vale la pena en la vida.
Es cierto, al menos, puedo verlo. Soy capaz de verlo, así que no estoy vencido del todo. Igual que el barón en la película.
Sin embargo, aunque tengo ideas de vez en cuando, sólo pensar en tener que defenderlas una vez hechas, y la sensación de fracaso si me pongo a hacerlo y no sale, y no tener la sensación de que me llenaría, de que es un propósito importante en mi vida, me pone freno, es decir, me pongo freno.
Cuando era más joven, tenía devoción por el mero hecho de crear, de hollar lo inexplorado. Daba igual el resultado, lo importante era el hecho de pisar esa hierba inédita que bien podría ser fango, pero qué más daba.
Esto me duele mucho.
Y siento que la vida me ha vencido.
Quizás he llegado a ser eso que uno nunca piensa que llegará a ser cuando es niño, cuando está lleno de fantasía y tiene muy, muy claros los principios que rigen la vida de uno, aquellos que uno nunca moraría y, sobre todo, qué es lo que vale la pena en la vida.
Es cierto, al menos, puedo verlo. Soy capaz de verlo, así que no estoy vencido del todo. Igual que el barón en la película.
Sin embargo, aunque tengo ideas de vez en cuando, sólo pensar en tener que defenderlas una vez hechas, y la sensación de fracaso si me pongo a hacerlo y no sale, y no tener la sensación de que me llenaría, de que es un propósito importante en mi vida, me pone freno, es decir, me pongo freno.
Cuando era más joven, tenía devoción por el mero hecho de crear, de hollar lo inexplorado. Daba igual el resultado, lo importante era el hecho de pisar esa hierba inédita que bien podría ser fango, pero qué más daba.
Esto me duele mucho.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Aprender a querer aprender
La cosa que peor llevo, de las perdidas en el incendio, es el sentir haber perdido la curiosidad por experimentar, por crear, por aprender en definitiva.
Por saber lo que pasa, cómo son las cosas, cómo es el mundo. Y más que nada, pasión por crear nuevas cosas, ver qué se puede hacer.
Sin embargo, ahora no. No pienso en el acto creativo como un acto de alegría, más bien de responsabilidad, pesa más, y sabe mal. Se transmite a todo y es basura, es para mí como una vida descafeinada, pero sin embargo me duele soltarme y me da miedo volverme loco si ando por ese camino porque me siento débil y siento que ese camino requiere cierta fortaleza, cosas claras, para no acabar ahogado en las paranoias artísticas.
Bueno, y esta va de la mano del sentido del humor. Aunque mantengo, no me produce el placer que me ofrecía antes. Recuerdo perfectamente que antes de la relación previa al incendio sí tenía esa ilusión por el humor. La Hora Chanante, Muchachada Nui, me hacía partirme el ojete, era medicina - ahora no. He visto unos capítulos hoy ya que estoy enfermo en cama, y bueno, bien pero sin más.
Nunca había visto el abismo de tan cerca, y desde entonces todo gira alrededor, y es una mierda, hombre. Que no quiero tomármelo en serio. Que se vaya ya.
Por saber lo que pasa, cómo son las cosas, cómo es el mundo. Y más que nada, pasión por crear nuevas cosas, ver qué se puede hacer.
Sin embargo, ahora no. No pienso en el acto creativo como un acto de alegría, más bien de responsabilidad, pesa más, y sabe mal. Se transmite a todo y es basura, es para mí como una vida descafeinada, pero sin embargo me duele soltarme y me da miedo volverme loco si ando por ese camino porque me siento débil y siento que ese camino requiere cierta fortaleza, cosas claras, para no acabar ahogado en las paranoias artísticas.
Bueno, y esta va de la mano del sentido del humor. Aunque mantengo, no me produce el placer que me ofrecía antes. Recuerdo perfectamente que antes de la relación previa al incendio sí tenía esa ilusión por el humor. La Hora Chanante, Muchachada Nui, me hacía partirme el ojete, era medicina - ahora no. He visto unos capítulos hoy ya que estoy enfermo en cama, y bueno, bien pero sin más.
Nunca había visto el abismo de tan cerca, y desde entonces todo gira alrededor, y es una mierda, hombre. Que no quiero tomármelo en serio. Que se vaya ya.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Espeleología
No sé, ¿será mi misión en la vida fascinar? ¿Seducir, crear, hollar lo inexplorado?
¿Demostrar, con el ejemplo, que existen ciertas inusuales combinaciones humanas para bien? ¿Desafiar a la norma?
Es muy cansado porque hay que luchar contra los demonios de fuera y los de dentro, eso sí. O mejor, utilizarlos y llevarse bien con ellos. Pero me hace sentir muy bien cuando lo hago - como si fuera mi misión, como si para eso estuviera aquí. Como el carpintero cortando madera, como el agricultor sembrando, el pastor observando cómo su perro controla el rebaño y todo está bien. Como el espeleólogo, con mi polla como linterna, mis manos tanteando las rocas húmedas.
¿Demostrar, con el ejemplo, que existen ciertas inusuales combinaciones humanas para bien? ¿Desafiar a la norma?
Es muy cansado porque hay que luchar contra los demonios de fuera y los de dentro, eso sí. O mejor, utilizarlos y llevarse bien con ellos. Pero me hace sentir muy bien cuando lo hago - como si fuera mi misión, como si para eso estuviera aquí. Como el carpintero cortando madera, como el agricultor sembrando, el pastor observando cómo su perro controla el rebaño y todo está bien. Como el espeleólogo, con mi polla como linterna, mis manos tanteando las rocas húmedas.
viernes, 22 de agosto de 2008
Corriendo
Esta semana está siendo de estar por casa.
No he salido para nada, excepto ayer y hoy que salí a correr, a hacer unos 3000 o 4000 metros, no sé cuánto es, porque no llevo podómetro ni nada. Pero cada vez me sale mejor, y me gusta más.
Llevo un mesecito o algo así tomándomelo un poco más en serio, desde las vacaciones que tuve... empezando allí, curiosamente, corriendo por la playa. Me sentí como un caballo al galope.
Reviso un poco el blog, y veo que no hace ni un mes que quería llorar sobre la espalda de mi ex. Me parece muy bien, y no me vendría mal - llorar no le viene mal a nadie -, pero llevo este mes sin tener ganas. Cuando me acuerdo de ella - menos de lo habitual - es de una manera mucho más amable. No necesariamente sexual. Y mira que había una química que para qué. Me acuerdo que los primeros meses - antes de meterle a la relación el componente de juicios y racionalizaciones que la queman - era verla y abrazarla, y a veces ni eso, y ya me ponía palote. Súperrelajado, andaba por la vida. Me acuerdo con añoranza de aquél estado, sin miedo ni egoísmo. Y algo queda, porque de normal, es acordarme de ella y me ataca el palotismo. Lectura: lo bueno es que sexualmente sigo en pie de guerra. Bien.
Volviendo al tema, que esto de hacer deporte es bueno. Mens sana in corpore sano, debía ser listo el que lo dijo, porque lo dijo en latín. Y relacionándolo con lo anterior: estoy sexualmente más animoso, y además cuando me masturbo, luego lo noto muy poco en mi rendimiento diario - recuerdo que por cuando empecé este blog, las pajas me dejaban baldado. Además, que me latía el corazón, justo después, a una velocidad que no me hago cargo.
Ahora estoy recuperando el tono. Porque cuando estoy a tono, me encanta el sexo. Hago arte del sexo, muchas veces he sentido la mano de Dios mientras follaba. Se trataba de sentirse guiado por algo, que sí que es uno, pero a la vez no y en realidad da igual. A lo que más se parece es al éxtasis artístico, a la creación sin barreras, libre, gozosa.
Ahora, que cuando no estoy a tono, me puede parecer más aburrido que la retransmisión íntegra de una maratón. Y para estar a tono, necesito confianza en mí mismo y con el otro. No sentirme agobiado, no pensar en lo que el otro puede pensar. Esto siempre limita.
Hoy me gusta hablar sobre sexo. De hecho, el hecho de que días después de escribir aquí por última vez, haya retomado con este tema, también es significativo. Ando más salido que el pico de una plancha, sí; pero es que eso es sanísimo. Porque yo me siento bien así, y va tendiendo hacia el que las cosas estén bien. A tope sin drojas, co.
La crítica es siempre aceptada, sí. No hay que darle la espalda al toro. Por ejemplo, me he percatado de un comportamiento compulsivo esta tarde al empezar una bolsa de patatas después de cenar: poco a poco me la he terminado entera.
Aunque, en la relación con mi familia cercana, aún hay mucho que limar.
Pero está claro: disfrutar es la mejor terapia. Anda que no. Nos vemos, tengan ustedes unos buenos orgasmos.
No he salido para nada, excepto ayer y hoy que salí a correr, a hacer unos 3000 o 4000 metros, no sé cuánto es, porque no llevo podómetro ni nada. Pero cada vez me sale mejor, y me gusta más.
Llevo un mesecito o algo así tomándomelo un poco más en serio, desde las vacaciones que tuve... empezando allí, curiosamente, corriendo por la playa. Me sentí como un caballo al galope.
Reviso un poco el blog, y veo que no hace ni un mes que quería llorar sobre la espalda de mi ex. Me parece muy bien, y no me vendría mal - llorar no le viene mal a nadie -, pero llevo este mes sin tener ganas. Cuando me acuerdo de ella - menos de lo habitual - es de una manera mucho más amable. No necesariamente sexual. Y mira que había una química que para qué. Me acuerdo que los primeros meses - antes de meterle a la relación el componente de juicios y racionalizaciones que la queman - era verla y abrazarla, y a veces ni eso, y ya me ponía palote. Súperrelajado, andaba por la vida. Me acuerdo con añoranza de aquél estado, sin miedo ni egoísmo. Y algo queda, porque de normal, es acordarme de ella y me ataca el palotismo. Lectura: lo bueno es que sexualmente sigo en pie de guerra. Bien.
Volviendo al tema, que esto de hacer deporte es bueno. Mens sana in corpore sano, debía ser listo el que lo dijo, porque lo dijo en latín. Y relacionándolo con lo anterior: estoy sexualmente más animoso, y además cuando me masturbo, luego lo noto muy poco en mi rendimiento diario - recuerdo que por cuando empecé este blog, las pajas me dejaban baldado. Además, que me latía el corazón, justo después, a una velocidad que no me hago cargo.
Ahora estoy recuperando el tono. Porque cuando estoy a tono, me encanta el sexo. Hago arte del sexo, muchas veces he sentido la mano de Dios mientras follaba. Se trataba de sentirse guiado por algo, que sí que es uno, pero a la vez no y en realidad da igual. A lo que más se parece es al éxtasis artístico, a la creación sin barreras, libre, gozosa.
Ahora, que cuando no estoy a tono, me puede parecer más aburrido que la retransmisión íntegra de una maratón. Y para estar a tono, necesito confianza en mí mismo y con el otro. No sentirme agobiado, no pensar en lo que el otro puede pensar. Esto siempre limita.
Hoy me gusta hablar sobre sexo. De hecho, el hecho de que días después de escribir aquí por última vez, haya retomado con este tema, también es significativo. Ando más salido que el pico de una plancha, sí; pero es que eso es sanísimo. Porque yo me siento bien así, y va tendiendo hacia el que las cosas estén bien. A tope sin drojas, co.
La crítica es siempre aceptada, sí. No hay que darle la espalda al toro. Por ejemplo, me he percatado de un comportamiento compulsivo esta tarde al empezar una bolsa de patatas después de cenar: poco a poco me la he terminado entera.
Aunque, en la relación con mi familia cercana, aún hay mucho que limar.
Pero está claro: disfrutar es la mejor terapia. Anda que no. Nos vemos, tengan ustedes unos buenos orgasmos.
viernes, 1 de agosto de 2008
Arte hijoputa
Hay gente que se centra en proyectos, tanto, que se olvidan de su proyecto esencial: su propia vida.
En este prolongado tiempo de (llamar al gabinete de prensa del PSOE para insertar sinónimo de crisis que no suene muy mal aquí), he tenido la sensación de que empezar/continuar algún tipo de proyecto artístico ambicioso, supondría el olvido o rechazo de mis problemas esenciales - que no su cura. No sería un plantarles cara sino un hacerlos crónicos, por el utilizar esos problemas para nutrir el arte - pero, ¿qué pasa conmigo?. Que hubiera corrido el riesgo de perderme en el proyecto.
Innumerables son los ejemplos de artistas que han escogido ese camino: nutrir al arte con el propio dolor. Cuando es al revés(el arte nutre a uno, a modo de terapia), es cojonudo. Aun doliente, se disfruta, en cuanto que sana. Pero en este otro sistema, uno pierde el control de uno: se identifica con el arte en vez de consigo mismo, y tiende a sufrir en nombre del arte como si fuera un deber supremo - utilizar al arte como razón para la autodestrucción.
Vi que eso podría ocurrirme a mí si me hubiera abandonado en ese camino. Ése era el miedo.
Recuerdo haber relacionado este pensamiento con el amor por la humanidad, en tanto que el artista siente que le debe eso a la humanidad, entregar ese arte que si no lo hago yo no lo hace nadie. ¿Amor a la humanidad? ¿No será más bien ego exacerbado, necesidad de sentirse salvador? O también, desde el otro polo, autodevaluación(en tanto que necesito entregar algo excepcional al mundo para sentirme merecedor de la vida)?
En fin, en cualquier caso, les dejo un refrán que añadir al vasto refranero castellano:
Arte que no se disfruta, se lo quede el hijoputa.
En este prolongado tiempo de (llamar al gabinete de prensa del PSOE para insertar sinónimo de crisis que no suene muy mal aquí), he tenido la sensación de que empezar/continuar algún tipo de proyecto artístico ambicioso, supondría el olvido o rechazo de mis problemas esenciales - que no su cura. No sería un plantarles cara sino un hacerlos crónicos, por el utilizar esos problemas para nutrir el arte - pero, ¿qué pasa conmigo?. Que hubiera corrido el riesgo de perderme en el proyecto.
Innumerables son los ejemplos de artistas que han escogido ese camino: nutrir al arte con el propio dolor. Cuando es al revés(el arte nutre a uno, a modo de terapia), es cojonudo. Aun doliente, se disfruta, en cuanto que sana. Pero en este otro sistema, uno pierde el control de uno: se identifica con el arte en vez de consigo mismo, y tiende a sufrir en nombre del arte como si fuera un deber supremo - utilizar al arte como razón para la autodestrucción.
Vi que eso podría ocurrirme a mí si me hubiera abandonado en ese camino. Ése era el miedo.
Recuerdo haber relacionado este pensamiento con el amor por la humanidad, en tanto que el artista siente que le debe eso a la humanidad, entregar ese arte que si no lo hago yo no lo hace nadie. ¿Amor a la humanidad? ¿No será más bien ego exacerbado, necesidad de sentirse salvador? O también, desde el otro polo, autodevaluación(en tanto que necesito entregar algo excepcional al mundo para sentirme merecedor de la vida)?
En fin, en cualquier caso, les dejo un refrán que añadir al vasto refranero castellano:
Arte que no se disfruta, se lo quede el hijoputa.
Etiquetas:
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expectativas,
frases,
locura,
miedo,
pensamiento,
resultado,
suicidio
miércoles, 16 de enero de 2008
¿Para qué sirve el arte?
A mí, que siempre he tenido interés en el arte, e incluso superponiéndolo sobre cualquier otra actividad humana como la responsabilidad del hombre, ahora me sorprendo minusvalorándolo, ninguneándolo: no sirve para nada.
Este utilitarismo de mierda, además, lo odio. ¿Dónde lo habré cogido?
Ha aumentado mi permeabilidad ante la sociedad, ahora noto que entra mucho más fácil el pensamiento de la sociedad, que me afecta mucho más, que me llego a creer algunas cosas, o siento o pienso cosas invadido por esos juicios sociales de mierda.
¿Me he acogido a esas reglas sociales dado que estaba perdido y no sabía a qué agarrarme?
Dios, sí que he caído bajo.
Este utilitarismo de mierda, además, lo odio. ¿Dónde lo habré cogido?
Ha aumentado mi permeabilidad ante la sociedad, ahora noto que entra mucho más fácil el pensamiento de la sociedad, que me afecta mucho más, que me llego a creer algunas cosas, o siento o pienso cosas invadido por esos juicios sociales de mierda.
¿Me he acogido a esas reglas sociales dado que estaba perdido y no sabía a qué agarrarme?
Dios, sí que he caído bajo.
jueves, 3 de enero de 2008
El OG miedoso de ser descubierto
Últimamente me estoy aficionando al rap. El rap costa oeste, el de Los Ángeles, el de los negratas con pistolas, el de los Original Gangstas.
Ahora que pocas cosas me generan motivación, el rap ha surgido como algo que expresa deseos de rabia, inconformismo, poder, supervivencia... cosas con las que me identifico y me apetece expresar. Sobre todo la rabia.
Antes, duchándome, se me han ocurrido buenas letras siguiendo una cancion que estoy oyendo bastante ultimamente y cuyo ritmo me gusta. Entonces me sentía bien, pero ahora, después de haber estado con gente, habiendo salido de mi "guarida" emocional y encontrarme con gente, me causa nervios e inseguridad el enfrentarme a ellas de nuevo, y pensar que alguien las lee. Ofrece información acerca de mí, y eso va contra mis principios. ¡No me jodas!
Tengo la sensación de que si viviera solo, menos atado por el conformismo obligado, expresar esas cosas sería casi como una obligación para mí, aparte de una vía de expresión y escape... pero no sé si quiero que la gente las oiga. Es decir, si la oyen mis amigos, me identificarán con esas letras que quizá no pensaban que podían salir de mí (bueno... ya he publicado cosas de las que hacen enrojecer así que tampoco creo que se extrañaran mucho). Pero, quizá no concuerdan con mi manera de ser, como si estuviera mintiendo, y de nuevo no me aceptaría mintiendo. Siento que alguien me diría: "por qué escribes eso si no es lo que sientes, si no es verdad", y me desmontaría y yo me quedaría de una pieza. Qué miedo. De verdad. Miedo a ser descubierto.
Ahora que pocas cosas me generan motivación, el rap ha surgido como algo que expresa deseos de rabia, inconformismo, poder, supervivencia... cosas con las que me identifico y me apetece expresar. Sobre todo la rabia.
Antes, duchándome, se me han ocurrido buenas letras siguiendo una cancion que estoy oyendo bastante ultimamente y cuyo ritmo me gusta. Entonces me sentía bien, pero ahora, después de haber estado con gente, habiendo salido de mi "guarida" emocional y encontrarme con gente, me causa nervios e inseguridad el enfrentarme a ellas de nuevo, y pensar que alguien las lee. Ofrece información acerca de mí, y eso va contra mis principios. ¡No me jodas!
Tengo la sensación de que si viviera solo, menos atado por el conformismo obligado, expresar esas cosas sería casi como una obligación para mí, aparte de una vía de expresión y escape... pero no sé si quiero que la gente las oiga. Es decir, si la oyen mis amigos, me identificarán con esas letras que quizá no pensaban que podían salir de mí (bueno... ya he publicado cosas de las que hacen enrojecer así que tampoco creo que se extrañaran mucho). Pero, quizá no concuerdan con mi manera de ser, como si estuviera mintiendo, y de nuevo no me aceptaría mintiendo. Siento que alguien me diría: "por qué escribes eso si no es lo que sientes, si no es verdad", y me desmontaría y yo me quedaría de una pieza. Qué miedo. De verdad. Miedo a ser descubierto.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Mi idilio con el ordenador
Y descubro, o más bien caigo en la cuenta, de que mi relación con el ordenador ya no es lo que era.
Solía ser fluidez, herramienta de trabajo en la creación, ventana al mundo.
Pero, hemos perdido complicidad, no estamos tan a gusto como solíamos estar.
Y además, lo tengo en contraposición con la vida. Esta negatividad que me impongo hacia él, por una parte; y por otra el seguir la inercia: es la herramienta con la que trabajo.
Deberíamos recuperar la confianza.
Solía ser fluidez, herramienta de trabajo en la creación, ventana al mundo.
Pero, hemos perdido complicidad, no estamos tan a gusto como solíamos estar.
Y además, lo tengo en contraposición con la vida. Esta negatividad que me impongo hacia él, por una parte; y por otra el seguir la inercia: es la herramienta con la que trabajo.
Deberíamos recuperar la confianza.
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