lunes, 3 de diciembre de 2007

Fritz Perls o el antidios elevado a Dios

Es increíble la veneración que hay por este hombre en los círculos gestálticos. Probablemente a imagen y semejanza del endiosamiento de Freud por sus discípulos, no hay más que leer cualquier revista sobre Gestalt para encontrarse ya no sólo que hay textos acerca de Perls, sino que no hay artículo que no lo nombre.

No sé, de acuerdo con que el tipo era eminente. Pero la Gestalt, que es tan vivencial, debe rebasar esa barrera, ese listón. No hay que saltar ningún listón: cada uno debe hacer su propio camino.

Avances y cura de humildad

Me ha llamado mi terapeuta, para ver si habíamos puesto una cita o no. Resulta que no, y ya hace un par de semanas que no la ponemos. Como siento que me va mejor sin ir, pues mientras dure, o por lo menos tras el primer fin de semana de formación, y entonces ya veremos.

A veces me parece que la terapia me causa precisamente el efecto contrario a lo que pretende. Es decir, que me hace estar más en mis pensamientos. Como si fuera una obligación de repasarme, pero repasarme juzgándome, viendo mis problemas desde el punto de vista del debería ser así, etc. Me salen las expectativas internas. Últimamente le están dando más por culo a las expectativas, sin necesidad de terapia: más bien, mediante una cura de humildad que me estoy haciendo.

Aun con todo, me llega la catástrofe de que siempre voy a tener el fantasma de "ser una persona depresiva", que en los momentos críticos "va a fallar", en fin, esa mierda. Aunque cada vez le hago menos caso -- pero eso puede ser precisamente, porque últimamente no he tenido esos momentos críticos, y la distancia relaja su importancia. Me pregunto qué ocurriría si tuviera más momentos críticos en los últimos tiempos, en los que para mí, son como un letargo. Letargo de oso sin pelo.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Regomeyo (o regomello)

Recuerdo que al volver a casa de mis padres, hace unos meses, después de casi tres años de vivir en ciudades nuevas incluyendo el extranjero, los fines de semana sentía el terror, el pavor del estar aquí y ahora. Angustia, nerviosismo. Tenía la sensación de estar tirando mi vida: yo que tenía esos grandes planes para mí, de los que hablaré en otra ocasión, yo que estoy destinado a ser uno de los grandes, pasaba los días en casa de mis padres, sin avanzar en mi vida en ningún sentido, sintiéndome mal momento sí y momento también. Preso de un shock continuo que se agudizaba los fines de semana: porque entonces, era evidente que era mi responsabilidad el hacer algo valioso con mi tiempo, y eso me atenazaba todavía más. Me era mucho más patente, veía delante de mi cara esa parálisis que me atenazaba y de la que yo era responsable. Que me llenaba de vergüenza ante mí mismo - y eso asoma ante los demás, claro.
Sigo sintiendo resquicios de esa sensación: aceleración y presión en el corazón, y una sensación en el estómago que me gusta llamar "resquemor estomacal" o, como dice el DRAE, "regomeyo" ( o "regomello", que también está aceptado), y popularizada por los chicos de La Hora Chanante (ahora Muchachada Nui).

Pesadilla sepultado en nieve

Hoy, durante la siesta, he tenido una pequeña pesadilla: estaba caminando por montes muy nevados, cuando, al dar un paso sobre un montón de nieve en un escarpe, resulta que se hunde la nieve bajo mis pies, y resulta entonces que el grosor de la nieve es mayor que mi altura, por lo cual me quedo ahí, atrapado, sin poder salir.
En el sueño yo iba con dos amigos: hasta ese momento, porque entonces se esfumaron: lo que se creó en mi mente, era la simple posibilidad de que no estuvieran ahí, lo cual me hubiera condenado a la muerte, y simplemente ese miedo es el que me ha desatado, de nuevo, el regumeyo.
¿Algún interpretador de sueños en la sala?

Humildad

Tengo amigos a los que, no es que se asomen al vacío: es que caminan por su fondo. Y puedo decir que, viéndolos, son bastante distintos de aquellos que van por el camino de la vida buscando iluminación mediante la seriedad, la gravedad, la loa. Son gente que no piensan en lo que la gente pueda pensar de ellos, aunque sí pueden hacerse una idea de lo que piensan de ellos, son conscientes de ello. Y una manera de liberarse de esta lacra social, que esto sí que es una lacra social, es precisamente girar hacia el deseo, hacia la espontaneidad, hacia el disfrute de la vida, manteniendo la virtud capital: la humildad. Y, por alguna extraña razón evolutiva, a estos seres los queremos más.

Cuanto más avanzo por la vida, más creo que la humildad es la virtud capital de un ser humano. No para los demás: sino para sí mismo.

La vida es un pacto de mínimos

"La vida es un pacto de mínimos".

Esta frase, es una frase propia que me he repetido muchas veces en momentos malos. Se refiere a que, pase lo que pase, no pasa nada: en la vida hay que fijarse en los mínimos con los cuáles quedas satisfecho, y luego si los máximos se alcanzan bien, pero no hay que martirizarse con eso. Que con muy poco, nos vale.

Otra cosa es que no sepamos verlo. Por eso me la he tenido que repetir tantas veces...

Asomarse al vacio

Qué difícil me es sujetar el vacío. Sujetar ese "no tengo por qué hacer nada". Bueno, más bien, sujetarme frente al vacío, y ser capaz de mirarlo cara a cara sin ponerme nervioso.
Permanecer seguro, tranquilo, sin miedos ni temores, ante el simple hecho de ser para tí, no para tu pareja, para tus padres, para nadie más. Ante el vértigo que produce no tener más ancla que uno mismo.
Así se ve claro, el porqué de las adicciones: se trata de que estamos agarrados a la adicción, y creemos que soltarnos significa la muerte. No concebimos el vacío, de hecho no vemos el vacío en sí: solo el terror al vacío. Estamos tan lejos del fondo del vacío, que creemos que no hay fondo.
El ego, el falso yo, es la distancia entre el fondo del vacío y nosotros. Por ello hay ciertas personas más sensibles a lo adictivo: se encuentran a mayor o menor distancia del vacío, y entonces el efecto del vacío es proporcional a esa distancia. Me recuerda a "Trainspotting", donde en un grupo de adictos a la heroína, el único que llevaba una vida sana y sin meterse, al tener una decepción amorosa se mete en las drogas y acaba muerto. Estaba agarrado a su novia muy fuertemente, y entonces sustituyó ese agarre con la heroína. Es una película, pero la metáfora es válida: se puede ser Joaquín Sabina si no se pierde el contacto con el vacío. El fondo del vacío es la realidad más dura. Y a veces preferimos la adicción, la autoanulación, y en último término el suicido, para deshacernos de tener que enfrentarla.