Me ha venido un flash a la cabeza.
Creo que me pasa que cuando estoy en una relación, me siento como si pudiera apoyarme en el otro, y además tuviera todo el derecho. Entonces me dejo caer encima.
Pero me siento mal, rechazo esto y no lo hago: me retraigo y me niego a eso.
Pero sí doy derecho al otro a apoyarse en mí, como si yo tuviera la obligación de sostener, "para eso estamos en una relación". Cuando en realidad, es lo último que deseo, pero me sale la obligación.
Entonces el otro, la otra en este caso, si se me cae encima y yo me he retraído, nos caemos los dos, perdidos.
lunes, 31 de diciembre de 2007
domingo, 30 de diciembre de 2007
Preguntas sin respuesta
Una cosa que me persigue es:
cuando yo estuve "peor", cuando no paraba de darle vueltas a la cabeza... me salían preguntas, que sí, que me hacían sentir mal, que no paraba de darle vueltas... pero en realidad, esas preguntas eran racionales. Que es mejor pasar, y centrarse en otras cosas y no darles importancia a esas preguntas, a esos dilemas. Vale.
Lo que me angustia es que el hecho de que, en realidad, esas preguntas siguen sin ser respondidas. Y que por tanto, si vuelvo a esos estados de darle vueltas a esas preguntas, seguirán ahí, tan vigentes como antes, sin haber respondido a esas preguntas.
cuando yo estuve "peor", cuando no paraba de darle vueltas a la cabeza... me salían preguntas, que sí, que me hacían sentir mal, que no paraba de darle vueltas... pero en realidad, esas preguntas eran racionales. Que es mejor pasar, y centrarse en otras cosas y no darles importancia a esas preguntas, a esos dilemas. Vale.
Lo que me angustia es que el hecho de que, en realidad, esas preguntas siguen sin ser respondidas. Y que por tanto, si vuelvo a esos estados de darle vueltas a esas preguntas, seguirán ahí, tan vigentes como antes, sin haber respondido a esas preguntas.
El síndrome del oficinista inseguro
¡Joder!
Estoy haciendo algo, lo que sea, en mi cuarto.
En cuanto oigo alguien que se mueve en el salón, me tenso: no vayan a venir aquí y ¿revisar? lo que estoy haciendo, y que algo esté mal. Es una sensación parecida a la del oficinista miedoso que sólo con que se acerque el jefe se echa a temblar, la raíz es esa.
Es como si no estuviera seguro de estar haciéndolo bien, y entonces sentir esa opresión, ese miedo a lo que va a pasar, al conflicto que vaya a ocurrir, y tener que estar preparado para afrontarlo cuando llegue.
Pues eso me ocurre, con mis padres y mi hermano. Ellos, creo, no lo saben, aunque seguro que se lo transmito: que cuando abren la puerta, estoy en modo defensivo, incómodo, alerta, tenso, hasta que la situación crítica (!?) desaparece. "Ah, ya pasó lo malo".
¿Y porqué soy tan sensible a lo que parece ser la opinión/aprobación de los demás? Es algo que a mí no me gusta en la gente... y que he terminado reproduciendo. Quizás me molestaba tanto porque me veía reflejado a mí mismo ahí. Además al haberlo somatizado, se me manifiesta como regomello estomacal, con lo que no puedo, simplemente, ignorarlo. Pero me siento incómodo con esa sensación, no acepto el tenerla siquiera, lo que hace que no estalle y les diga "dejarme en paz", o les suelte algun improperio o lo que sea: no tiene sentido racional, y no me lo dejo expresar. Es en realidad problema mío, y no quiero traspasarlo de manera estúpida a los demás.
Si yo estuviera seguro de lo que hago y tranquilo con ello, no tendría esta sensación, creo: no me importaría que la gente pase por ahí y mire lo que estoy haciendo, y si me importa, no tendría problemas en decirlo. Pero yo siento esto en cualquier situación, sea lo que sea lo que esté haciendo. También es sensibilidad a las críticas, lo sé. Y de nuevo, cuando uno está seguro de lo que hace, escucha las críticas pero manteniendo su visión de las cosas.
Ah, esta sensación de haberlo tenido y haberlo perdido, y de que nunca volverá, que amarga es.
Estoy haciendo algo, lo que sea, en mi cuarto.
En cuanto oigo alguien que se mueve en el salón, me tenso: no vayan a venir aquí y ¿revisar? lo que estoy haciendo, y que algo esté mal. Es una sensación parecida a la del oficinista miedoso que sólo con que se acerque el jefe se echa a temblar, la raíz es esa.
Es como si no estuviera seguro de estar haciéndolo bien, y entonces sentir esa opresión, ese miedo a lo que va a pasar, al conflicto que vaya a ocurrir, y tener que estar preparado para afrontarlo cuando llegue.
Pues eso me ocurre, con mis padres y mi hermano. Ellos, creo, no lo saben, aunque seguro que se lo transmito: que cuando abren la puerta, estoy en modo defensivo, incómodo, alerta, tenso, hasta que la situación crítica (!?) desaparece. "Ah, ya pasó lo malo".
¿Y porqué soy tan sensible a lo que parece ser la opinión/aprobación de los demás? Es algo que a mí no me gusta en la gente... y que he terminado reproduciendo. Quizás me molestaba tanto porque me veía reflejado a mí mismo ahí. Además al haberlo somatizado, se me manifiesta como regomello estomacal, con lo que no puedo, simplemente, ignorarlo. Pero me siento incómodo con esa sensación, no acepto el tenerla siquiera, lo que hace que no estalle y les diga "dejarme en paz", o les suelte algun improperio o lo que sea: no tiene sentido racional, y no me lo dejo expresar. Es en realidad problema mío, y no quiero traspasarlo de manera estúpida a los demás.
Si yo estuviera seguro de lo que hago y tranquilo con ello, no tendría esta sensación, creo: no me importaría que la gente pase por ahí y mire lo que estoy haciendo, y si me importa, no tendría problemas en decirlo. Pero yo siento esto en cualquier situación, sea lo que sea lo que esté haciendo. También es sensibilidad a las críticas, lo sé. Y de nuevo, cuando uno está seguro de lo que hace, escucha las críticas pero manteniendo su visión de las cosas.
Ah, esta sensación de haberlo tenido y haberlo perdido, y de que nunca volverá, que amarga es.
sábado, 29 de diciembre de 2007
Negros nubarrones
Ahí están, escondidos, acechantes, para colocarse en cuanto me descuide.
Los noto: son esas fantasías catastróficas que, aun sin tener forma definida, sé lo que son, sé cómo son: sé los sentimientos que me generan, las angustias, inseguridades e incertidumbres, contra las que todavía, me veo a merced.
Y de ahí el miedo, a que estén ahí, el miedo a bajar la guardia. Por eso, la intranquilidad de raíz.
Y no están encima. Pero su sombra sigue ahí, me pesa. No la veo, pero me angustia.
¿Será una herramienta evolutiva de ultra-seguridad, para que yo no baje la guardia? ¿Supervivencia contra vivencia? Sean lo que sean, era más feliz cuando no los tenía, desde luego. Espero, cuando no los tenga ni los vea ni los huela, saber valorarlo en su medida esta vez.
Los noto: son esas fantasías catastróficas que, aun sin tener forma definida, sé lo que son, sé cómo son: sé los sentimientos que me generan, las angustias, inseguridades e incertidumbres, contra las que todavía, me veo a merced.
Y de ahí el miedo, a que estén ahí, el miedo a bajar la guardia. Por eso, la intranquilidad de raíz.
Y no están encima. Pero su sombra sigue ahí, me pesa. No la veo, pero me angustia.
¿Será una herramienta evolutiva de ultra-seguridad, para que yo no baje la guardia? ¿Supervivencia contra vivencia? Sean lo que sean, era más feliz cuando no los tenía, desde luego. Espero, cuando no los tenga ni los vea ni los huela, saber valorarlo en su medida esta vez.
Publicidad Gestalt
Hola.
He puesto unos anuncios en el sitio, ahí al ladito, espero que no molesten mucho.
En principio, tengo cierta resistencia a ello, es decir que me hace sentir un poco sucio, porque parece que escribo esto para ganar pasta o algo.
Pero, qué cojones. Si además de escribir esto, que me sirve de terapia, pues me saco unos dinerillos (que ya me extrañaría, pero vaya), todos contentos. Hay que aprender a aceptar el egoísmo sano de uno, más que pensar en lo que el otro pueda pensar.
Si os molestan mucho me lo decís y ya está... pero bueno, me parecía un buen ejercicio el dejar claro este tema, llegado el caso. El presunto Fritz Perls es un jeta: bueno, pues sí. Además de no tener valentía suficiente para poner su verdadero nombre, intenta ganar dinero con su propia terapia.
Bueno. Pues sí. Porque aunque no soy cristiano, los caminos del señor, es decir los nuestros, son inexcrutables... quizás Fritz "el malo" y yo nos parezcamos más de lo que parece...
He puesto unos anuncios en el sitio, ahí al ladito, espero que no molesten mucho.
En principio, tengo cierta resistencia a ello, es decir que me hace sentir un poco sucio, porque parece que escribo esto para ganar pasta o algo.
Pero, qué cojones. Si además de escribir esto, que me sirve de terapia, pues me saco unos dinerillos (que ya me extrañaría, pero vaya), todos contentos. Hay que aprender a aceptar el egoísmo sano de uno, más que pensar en lo que el otro pueda pensar.
Si os molestan mucho me lo decís y ya está... pero bueno, me parecía un buen ejercicio el dejar claro este tema, llegado el caso. El presunto Fritz Perls es un jeta: bueno, pues sí. Además de no tener valentía suficiente para poner su verdadero nombre, intenta ganar dinero con su propia terapia.
Bueno. Pues sí. Porque aunque no soy cristiano, los caminos del señor, es decir los nuestros, son inexcrutables... quizás Fritz "el malo" y yo nos parezcamos más de lo que parece...
viernes, 28 de diciembre de 2007
La no-depresión
¿Qué es la no-depresión? Hace tiempo que no la conozco, que sólo la conozco como estados eufóricos. Y como estados, impermanentes.
Creo que estoy empezando a vivirla, pero realmente, me sabe a poco. Como la vida en general, que me sabe a poco. Por eso me cuesta tan poco regalarla, a quien la sepa utilizar mejor.
Pero realmente, yo me rebelo contra eso. No puedo aceptarlo, no lo he aceptado cuando tocó. Porque me asquea esa despersonalización. Porque me asquea mi debilidad.
Ahora mismo, mi disyuntiva es: ¿Ser mierda o ser estrella?
- Si soy mierda, no me acepto.
- Si soy estrella, me cuesta y no lo puedo mantener.
Sí, sí, la lucha del narcisista. Que hay que estar en el puto medio, etc.
Pero, ¿por qué?
Ahora tengo miedo a realizar mi ser, es verdad, porque creo que soy demasiado débil para ser brillante (no creía eso hace un año ni mucho menos, creía que tenemos los límites que nosotros nos ponemos), y entonces solo veo el otro extremo - la mierda. Porque todo lo demás, sabe a poco.
PD.
Yo tengo un moco,
lo saco poco a poco.
Lo redondeo
y lo miro con deseo.
Me lo como,
me sabe a poco.
Y me saco otro.
Creo que estoy empezando a vivirla, pero realmente, me sabe a poco. Como la vida en general, que me sabe a poco. Por eso me cuesta tan poco regalarla, a quien la sepa utilizar mejor.
Pero realmente, yo me rebelo contra eso. No puedo aceptarlo, no lo he aceptado cuando tocó. Porque me asquea esa despersonalización. Porque me asquea mi debilidad.
Ahora mismo, mi disyuntiva es: ¿Ser mierda o ser estrella?
- Si soy mierda, no me acepto.
- Si soy estrella, me cuesta y no lo puedo mantener.
Sí, sí, la lucha del narcisista. Que hay que estar en el puto medio, etc.
Pero, ¿por qué?
Ahora tengo miedo a realizar mi ser, es verdad, porque creo que soy demasiado débil para ser brillante (no creía eso hace un año ni mucho menos, creía que tenemos los límites que nosotros nos ponemos), y entonces solo veo el otro extremo - la mierda. Porque todo lo demás, sabe a poco.
PD.
Yo tengo un moco,
lo saco poco a poco.
Lo redondeo
y lo miro con deseo.
Me lo como,
me sabe a poco.
Y me saco otro.
El juego en estados depresivos
Me distraigo por internet, jugando, y me embebo en ello. Pero, cuando lo hago, siempre voy "in crescendo", no manteniendo un nivel continuo de excitación. Llega un momento en que entra mi estómago a jugar, y mete tensión y presión. Esto tira de mí y en parte, supongo que me hace jugar mejor, conseguir la victoria. Pero me da la impresión de dejarme ir, de estar comenzando el camino de la adicción, del cual me retraigo inmediatamente, me causa rechazo. Y empiezo a perder partidas, y empiezo a picarme. Entonces me retiro, como un resorte.
Y me siento vacío de nuevo. Con regomello en el estómago. Pero menos que otras veces. Más tranquilo. Pero por dentro, intranquilo. No sé que hacer. Salir a ver la tele con mi familia me aburre. Leer me aburre. Jugar me aburre. En realidad, no quiero "regalar" mi tiempo a nada: sólo a mi mismo, todo lo demás es inferior.
No sé cómo se llama esta familia de sensaciones. Es como una ultraconciencia que no te deja descansar y a costa de ello, te hace estar continuamente mellado. Y cuando necesitas el estar ahí, entonces estás cansado. Un estado de continua actividad mental.
Pero se va reduciendo, respecto a otras veces.
Y me siento vacío de nuevo. Con regomello en el estómago. Pero menos que otras veces. Más tranquilo. Pero por dentro, intranquilo. No sé que hacer. Salir a ver la tele con mi familia me aburre. Leer me aburre. Jugar me aburre. En realidad, no quiero "regalar" mi tiempo a nada: sólo a mi mismo, todo lo demás es inferior.
No sé cómo se llama esta familia de sensaciones. Es como una ultraconciencia que no te deja descansar y a costa de ello, te hace estar continuamente mellado. Y cuando necesitas el estar ahí, entonces estás cansado. Un estado de continua actividad mental.
Pero se va reduciendo, respecto a otras veces.
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