jueves, 6 de marzo de 2008
Nízcalos en el monte
El olor de mi pelo sucio me recuerda al de los nízcalos en el monte, entre el tomillo y los pinos.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Como se mecen los niños
Como se mecen los niños, las hojas
al viento
escuchando al león de Irlanda,
el viejo.
Como se viaja en el coche,
durmiendo,
por la tarde cuando el padre
iba conduciendo.
Sintiendo la nada y el nada
que hacer.
Con derecho a todo, y sin derecho,
por la no necesidad
de derecho ni deber.
Eso es mierda
Cuántas veces me he dicho, "eso es mierda", respecto a muchos pensamientos que efectivamente no llevan a ningún lado pero que disparan miedos, fobias, etc. que pasan a lo físico.
Recuerdo que las pensaba, pero a la vez era consciente de que sólo eran eso, construcciones mentales.
"Me ha escrito una carta mi abuela del pueblo, ¿no será que mi abuelo ha muerto?"
"Mis padres están en el pueblo y no han llamado hoy, a ver si han tenido un accidente."
Recuerdo en la era pre-móvil, que mis padres se iban todo el fin de semana y como tampoco había teléfono en el terreno, pues no pasaba nada. Y si llegaba el domingo por la noche, a las once y no habían llegado, pues no me ponía cardíaco ni nada: se habrán estado más rato haciendo no-se-qué. Que normalmente es lo que ocurre siempre, pero nosotros no sólo nos ponemos en lo peor, sino que encima lo sentimos, lo comenzamos a sentir... nos queremos adelantar. No entiendo por qué. ¿Qué ganamos con esto? Realmente nada porque sólo nos genera malestar. Y realmente tampoco nos previene, porque si luego lo que ocurre ocurre de verdad, no es cierto que estemos más preparados para afrontarlo por haber tenido esos pequeños miedos, más bien estamos más tensos y menos preparados.
Durante mi infancia, adolescencia... estas "premoniciones" no tenían fuerza, porque me crié en un ambiente muy con los pies en la tierra, muy fijado en lo obvio... muy gestáltico, sin saberlo, claro. Siempre pensé que mi padre era un gran taoísta, aunque no haya leído un libro de filosofía (y pocos de los otros, y creo, nunca ninguna novela, quitando los libritos de westerns de Marcial Lafuente Estefanía).
Esta es una de esas cosas que también la Gestalt adopta: en cuanto que, al ser consciente de esos miedos, y saber que son irrealidades, que pertenecen a la fantasía, puedes restarles importancia y por lo tanto fuerza. Awareness de ese.
Recuerdo que las pensaba, pero a la vez era consciente de que sólo eran eso, construcciones mentales.
"Me ha escrito una carta mi abuela del pueblo, ¿no será que mi abuelo ha muerto?"
"Mis padres están en el pueblo y no han llamado hoy, a ver si han tenido un accidente."
Recuerdo en la era pre-móvil, que mis padres se iban todo el fin de semana y como tampoco había teléfono en el terreno, pues no pasaba nada. Y si llegaba el domingo por la noche, a las once y no habían llegado, pues no me ponía cardíaco ni nada: se habrán estado más rato haciendo no-se-qué. Que normalmente es lo que ocurre siempre, pero nosotros no sólo nos ponemos en lo peor, sino que encima lo sentimos, lo comenzamos a sentir... nos queremos adelantar. No entiendo por qué. ¿Qué ganamos con esto? Realmente nada porque sólo nos genera malestar. Y realmente tampoco nos previene, porque si luego lo que ocurre ocurre de verdad, no es cierto que estemos más preparados para afrontarlo por haber tenido esos pequeños miedos, más bien estamos más tensos y menos preparados.
Durante mi infancia, adolescencia... estas "premoniciones" no tenían fuerza, porque me crié en un ambiente muy con los pies en la tierra, muy fijado en lo obvio... muy gestáltico, sin saberlo, claro. Siempre pensé que mi padre era un gran taoísta, aunque no haya leído un libro de filosofía (y pocos de los otros, y creo, nunca ninguna novela, quitando los libritos de westerns de Marcial Lafuente Estefanía).
Esta es una de esas cosas que también la Gestalt adopta: en cuanto que, al ser consciente de esos miedos, y saber que son irrealidades, que pertenecen a la fantasía, puedes restarles importancia y por lo tanto fuerza. Awareness de ese.
El beso
El beso es el cebo de la voz de vos.
(Leer con acento argentino)
Gracias Albert por plantar la semilla que le dio pie.
(Leer con acento argentino)
Gracias Albert por plantar la semilla que le dio pie.
Centrado en el infinito
Me siento con poder y centrado.
Durante todo el día no me he sentido muy bien.
He trabajado, luego he salido a hacer una visita a un familiar enfermo donde he sentido bastante regomello estomacal e inseguridad en ciertos momentos, pero bastante bien en general.
Luego he echado unos dardos en un bar, y he jugado fatal, subrayándome mi desatención corporal en aquél momento, que no me extraña porque no he hecho nada de movimiento corporal ni deporte hoy, y me encontraba bastante cansado.
Al llegar a casa he tenido un pequeño conflicto, y durante y después de él me he sentido sólido y me ha gustado. Incluso, con gusto. Con gusto por la Gestalt, por la expresión sincera del arte, y con menos miedo en perderme en él. Tengo miedo a poblar el arte sin límites sin estar habitado internamente, me siento débil y sin fuerza para responsabilizarme de lo que salga.
Cada vez me importa menos que nadie me entienda y que por este motivo pueda quedarme sólo, pueda ser un bicho raro, pueda generar simpatías pero nunca afectos profundos, que es como se suele tratar a los diferentes, a los inteligentes, a los ingeniosos, a los genios. Máximo respeto, pero no te acerques a mí. Lo admiro mucho, pero nunca me podría enamorar de él. Me parece un tipo muy interesante, pero no lo llamaría para echar unas cañas. Esas cosas, a las que les tengo tanto, tanto miedo.
Me va entrando más el arte: las canciones, la danza, me va generando sensaciones reales y no coartadas e implosionadas. Aceptar estas sensaciones con gusto, como una reafirmación de estar vivo, como solía ser entonces, como eran las razones que han construido mi amor al arte, un amante que tengo olvidado, porque ya no me excitaba como antaño.
Durante todo el día no me he sentido muy bien.
He trabajado, luego he salido a hacer una visita a un familiar enfermo donde he sentido bastante regomello estomacal e inseguridad en ciertos momentos, pero bastante bien en general.
Luego he echado unos dardos en un bar, y he jugado fatal, subrayándome mi desatención corporal en aquél momento, que no me extraña porque no he hecho nada de movimiento corporal ni deporte hoy, y me encontraba bastante cansado.
Al llegar a casa he tenido un pequeño conflicto, y durante y después de él me he sentido sólido y me ha gustado. Incluso, con gusto. Con gusto por la Gestalt, por la expresión sincera del arte, y con menos miedo en perderme en él. Tengo miedo a poblar el arte sin límites sin estar habitado internamente, me siento débil y sin fuerza para responsabilizarme de lo que salga.
Cada vez me importa menos que nadie me entienda y que por este motivo pueda quedarme sólo, pueda ser un bicho raro, pueda generar simpatías pero nunca afectos profundos, que es como se suele tratar a los diferentes, a los inteligentes, a los ingeniosos, a los genios. Máximo respeto, pero no te acerques a mí. Lo admiro mucho, pero nunca me podría enamorar de él. Me parece un tipo muy interesante, pero no lo llamaría para echar unas cañas. Esas cosas, a las que les tengo tanto, tanto miedo.
Me va entrando más el arte: las canciones, la danza, me va generando sensaciones reales y no coartadas e implosionadas. Aceptar estas sensaciones con gusto, como una reafirmación de estar vivo, como solía ser entonces, como eran las razones que han construido mi amor al arte, un amante que tengo olvidado, porque ya no me excitaba como antaño.
martes, 4 de marzo de 2008
Defendiendo la cacota
Me siento en mi ciudad y en mi entorno como si tuviera que defender una manera de ser, de estar en el mundo con la que ya no me siento cómodo, de la que de hecho me quiero deshacer... pero tiendo a seguir en ellas como el tren por los raíles del suelo.
Una manera de ser, llena de control y de preocupaciones. El caparazón que me he vuelto a poner. Una manera de ser a la que le incomodan sus propios deseos. Una manera de ser que quiere ser estrella, brillar en lo alto, o no brillar; con un punto de rencor, de desapego con la humanidad, de huida hacia arriba. Y que también tiene miedo de ese estar allí arriba, solo, mirar abajo y no poder ver nada... en búsqueda de la gran cosa, la gran historia donde solo yo pueda ser ese gran protagonista que esa gran historia necesita, con otros grandes personajes involucrados, que deben ser grandes.
Y a la vez, de rechazo y desagrado conmigo mismo, porque no me gusto ni entiendo que le pueda gustar a nadie que me conozca profundamente. Si me quieren, lo hacen por partes de mí que a mí no me gustan. Si no me quieren, lo entiendo y me enfado conmigo mismo por no mostrarme a mi mismo, como si fuera mi culpa... me mareo por los extremos.
Y entre muchas diferencias de un año a esta parte, tengo una crucial: la falta de fe en la vida, en lo que va a pasar. El miedo, ya que ya había adoptado la postura de, ante la duda, mostrarme. Ante la duda, sacarlo, hacerlo, llevarlo a cabo. Y ahora siento el miedo y el encogimiento, incluso ante cosas que no van conmigo.
Una manera de ser, llena de control y de preocupaciones. El caparazón que me he vuelto a poner. Una manera de ser a la que le incomodan sus propios deseos. Una manera de ser que quiere ser estrella, brillar en lo alto, o no brillar; con un punto de rencor, de desapego con la humanidad, de huida hacia arriba. Y que también tiene miedo de ese estar allí arriba, solo, mirar abajo y no poder ver nada... en búsqueda de la gran cosa, la gran historia donde solo yo pueda ser ese gran protagonista que esa gran historia necesita, con otros grandes personajes involucrados, que deben ser grandes.
Y a la vez, de rechazo y desagrado conmigo mismo, porque no me gusto ni entiendo que le pueda gustar a nadie que me conozca profundamente. Si me quieren, lo hacen por partes de mí que a mí no me gustan. Si no me quieren, lo entiendo y me enfado conmigo mismo por no mostrarme a mi mismo, como si fuera mi culpa... me mareo por los extremos.
Y entre muchas diferencias de un año a esta parte, tengo una crucial: la falta de fe en la vida, en lo que va a pasar. El miedo, ya que ya había adoptado la postura de, ante la duda, mostrarme. Ante la duda, sacarlo, hacerlo, llevarlo a cabo. Y ahora siento el miedo y el encogimiento, incluso ante cosas que no van conmigo.
Crecimiento personal
Varias veces he pensado que, los que nos interesamos por eso que llaman crecimiento personal, somos simplemente gente que no nos aceptamos, que no aceptamos el orden natural, nuestro lugar en él, a los demás, o cualquier combinación de no aceptaciones.
Que queremos más, que somos niños mimados que pensamos que la vida nos prometió más de lo que nos da, o que podemos ser más y mejor.
Y al final terminaremos aceptando que no hay más ni mejor ser que el sentir la plena aceptación de lo que hay. Como una rendición.
Esa cosa que mucha gente de a pie, que incluso se puede reír, asustar o causar rechazo, de las terapias de desarrollo personal, lo hacen a diario mucho mejor que los que buscamos ayuda, sin saberlo. A la fuerza, habiendo aprendido con la vida como maestro.
Como el ciempiés que mueve sus cien pies al son sin pensar en cómo lo hace.
Que queremos más, que somos niños mimados que pensamos que la vida nos prometió más de lo que nos da, o que podemos ser más y mejor.
Y al final terminaremos aceptando que no hay más ni mejor ser que el sentir la plena aceptación de lo que hay. Como una rendición.
Esa cosa que mucha gente de a pie, que incluso se puede reír, asustar o causar rechazo, de las terapias de desarrollo personal, lo hacen a diario mucho mejor que los que buscamos ayuda, sin saberlo. A la fuerza, habiendo aprendido con la vida como maestro.
Como el ciempiés que mueve sus cien pies al son sin pensar en cómo lo hace.
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